
El Centro de Agricultores Cañeros de Tucumán (CACTU) fijó posición frente a las versiones que circulan en el sector sobre el sistema de maquila y defendió su continuidad como una herramienta clave para el equilibrio de la actividad. La entidad sostuvo que este mecanismo resulta fundamental para garantizar condiciones justas en la relación entre productores e ingenios, en un contexto donde se discuten aspectos centrales del funcionamiento de la industria.
Desde la organización remarcaron que la maquila permite que el productor reciba el azúcar obtenido a partir de su propia caña y pueda comercializarlo directamente. Según indicaron, este esquema evita que los ingenios establezcan precios de manera unilateral y asegura que el cañero mantenga control efectivo sobre el destino de su producción.
En ese sentido, advirtieron que la experiencia histórica del sector muestra que, cuando este sistema no está vigente o pierde fuerza, los productores quedan en una posición de mayor vulnerabilidad. Señalaron que en esos escenarios se registraron prácticas comerciales desfavorables, sin resguardos legales suficientes ni garantías frente a posibles incumplimientos.
Por ese motivo, CACTU reafirmó la necesidad de preservar el contrato de maquila como un instrumento central dentro de la cadena productiva. Consideran que su continuidad contribuye a dotar de previsibilidad a la actividad, mejora la transparencia en las operaciones y favorece un desarrollo más equilibrado entre todos los actores involucrados en la zafra.
¿Qué es el sistema de maquila?
El sistema de maquila en la industria azucarera es un modelo de comercialización mediante el cual el productor entrega su caña al ingenio para su procesamiento, pero en lugar de vender la materia prima, recibe como pago una proporción del azúcar obtenido. De esta manera, el cañero mantiene la propiedad sobre el producto final y puede decidir cómo y cuándo comercializarlo en el mercado.
En términos prácticos, el ingenio actúa como prestador del servicio industrial: muele la caña y transforma esa materia prima en azúcar, quedándose con un porcentaje previamente acordado como retribución por ese proceso. El resto del azúcar corresponde al productor, quien asume el rol de vendedor. Este sistema busca equilibrar la relación entre ambas partes y distribuir de manera más transparente el valor generado en la cadena azucarera.