
La tensión que atraviesa al transporte público en el país empezó a sentirse con fuerza en Tucumán, donde empresarios y funcionarios encendieron señales de alerta ante un escenario que ya muestra consecuencias concretas en otras jurisdicciones. La suba del gasoil -impulsada por el encarecimiento internacional del petróleo en medio de la guerra- y el reciente acuerdo paritario del 18% hasta abril terminaron de configurar un cuadro que amenaza con trasladarse al servicio local.
El dato que terminó de acelerar las reuniones fue el incremento del 36% en el precio del gasoil mayorista, un insumo central para la actividad. En el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), las empresas ya resolvieron reducir frecuencias desde este 1 de abril, en una decisión que impacta directamente en millones de usuarios. Más al norte, en Resistencia, el ajuste tomó otra forma: recortes en el servicio nocturno, con unidades que dejan de circular desde las 22.
Ese doble antecedente -menos colectivos durante el día en el AMBA y menos servicio por la noche en Chaco- funciona como espejo para Tucumán. Ayer, en una reunión clave entre la Asociación de Empresarios del Transporte Automotor de Tucumán (Aetat) y funcionarios provinciales, comenzó a discutirse cómo evitar que el sistema local entre en una dinámica similar.
Fuentes del sector señalaron que el aumento de costos “desacomodó por completo la ecuación económica” de las empresas, que ven cómo los ingresos quedan rezagados frente a los gastos operativos. Además, se enfrentan a una venta por cupos del gasoil mayorista, ante el temor de una escasez por parte de los estacioneros. En ese contexto, las alternativas que se analizan no difieren demasiado de las ya aplicadas en otras provincias: reducción de frecuencias, recorte de servicios en horarios de menor demanda o pedidos de actualización tarifaria y subsidios.
Por ahora no hay definiciones oficiales, pero el diagnóstico es compartido. La presión sobre el sistema crece a medida que el combustible sube y las paritarias impactan en la estructura de costos. En paralelo, el margen de maniobra del Estado también aparece condicionado por la situación fiscal.
En Tucumán, el sistema de transporte urbano ya venía arrastrando tensiones desde meses anteriores, pero el nuevo escenario nacional actúa como catalizador. Lo que hasta hace poco era una advertencia empresaria empieza a convertirse en una posibilidad concreta: que los usuarios enfrenten un servicio más espaciado o limitado.
Así, mientras en otras ciudades las medidas ya están en marcha, en Tucumán se abre una ventana de negociación contrarreloj para evitar que el ajuste también se traduzca en menos colectivos en la calle.