
Un loop del verano de 2024. Como en aquellos meses, los primeros tras la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada, Osvaldo Jaldo volvió a quedar en medio del fuego interno del peronismo. Porque, tal como ocurrió hace exactamente dos años, el aporte del gobernador fue clave para que el Presidente se quedara con un triunfo legislativo. Aquella vez se trató de la Ley Bases; ahora, de la reforma laboral. La primera fue una victoria más simbólica que efectiva; el impacto de la segunda, por el momento, es incierto.
Al margen de ese bucle de la historia, lo cierto es que tanto Milei como Jaldo han demostrado ser devotos del pragmatismo. Ejemplos sobran. El jefe de Estado despotricó contra los festivales públicos y los artistas contratados por el Estado, pero terminó abrazado con el Chaqueño Palavecino en el escenario de Jesús María. El mandatario tucumano dijo que tenía una tijera preparada para cortarle la melena al León, y acabó facilitándole las llaves para la sanción de la polémica ley de modernización laboral.
Por estas horas, en el oficialismo provincial todos buscan respuestas para la misma pregunta. ¿Cuáles serán las consecuencias en esta ocasión? Antes, vale un asterisco. Hay una diferencia entre la convulsión de 2024 y la polémica actual. Cuando Jaldo debilitó al perokirchnerismo con la creación del bloque Independencia, el primer apoyo lo ofreció para la sanción de la Ley Ómnibus, un megaproyecto que en definitiva brindaba herramientas al Presidente y modificaba ciertos aspectos de la concepción del Estado. Es decir, difícilmente los trabajadores, histórica base de sustentación del PJ, podrían sentir en el corto plazo algún cambio en sus rutinas. Esta vez, el impacto de la reforma laboral -si es que prospera, claro está- alcanza de manera directa a millones de argentinos. Vacaciones, formas de pago, horas extras, indemnizaciones y jornadas laborales están en el menú.
Es prematuro mensurar si esta decisión puede afectar o no la imagen pública del mandatario. Pero no es apresurado concluir que el poderío electoral de Jaldo no sufrirá mayores secuelas. Los antecedentes abundan. Los peronistas son esencialmente orgánicos y verticalistas. Durante las próximas semanas y quizá meses continuarán los griteríos, pero cuando se acerque 2027 y se deba renovar el arrendamiento de la Casa de Gobierno, no habrá discrepancias. Los comicios de octubre pasado son una enseñanza. El kirchnerismo y el progresismo peronista confiaron en que el acuerdo político y la inclusión de Javier Noguera en la lista le permitirían tener una representación más de oposición a Milei. Hasta aquí, eso no estaría sucediendo porque las necesidades de gestión priman: sin recursos de la Provincia, Tafí Viejo y cualquier otro municipio arderían. El taficeño mantuvo una charla de una hora y media en 25 de Mayo y San Martín en la mañana del miércoles con Jaldo. Por la tarde se subió al avión junto a Darío Monteros y al otro día permitió, con Gladys Medina y Elia Fernández de Mansilla, que La Libertad Avanza tuviera quorum para comenzar la sesión.
El ruido de esa decisión aún está en el aire. Pero hay un elemento a tener en cuenta. Esta vez, el jaldismo se puso enfrente de la CGT y si bien la imagen del sindicalismo argentino es espantosa, aún conserva cierto poder de fuego. El secretario general de la central obrera, Cristian Jerónimo, fue el más directo en sus críticas a los gobernadores dialoguistas, en particular Jaldo y sus pares Gustavo Sáenz (Salta) y Raúl Jalil (Catamarca). “Son gobernadores de provincias que uno ha recorrido y ve el grado de desigualdad que tienen esas provincias. Nos dan vergüenza porque, supuestamente, lo hacen para beneficiar a sus provincias y sabemos que eso no tiene un impacto real”, dijo.
El tucumano le respondió sin mayores rodeos. "Nadie los votó, a diferencia de quien habla, que fue elegido por la voluntad popular (se impuso con casi el 55% de los votos en 2023). Producto de que los eligen a dedo, con el tiempo, ellos mismos se van dando cuenta de que van perdiendo la representatividad del pueblo trabajador. Por eso les sugiero que hagan una autocrítica y vean en qué están fallando. Les sugiero que no defiendan únicamente los intereses de ‘su organización’, sino que también bajen a defender los intereses de los trabajadores”, arremetió. Y justificó el porqué de la postura adoptada por el bloque Independencia en el recinto. "Dada mi responsabilidad institucional muchas veces debo tomar decisiones políticas, aún asumiendo determinados costos personales o políticos", admitió.
Más allá de los fuegos artificiales dialécticos, hay que ver en el corto plazo a qué otro terreno se traslada esa disputa. Las paritarias acaban de comenzar y hay gremios estatales, como UPCN y ATE, que suelen recibir presiones foráneas. Ya se dijo aquí que la interna en la Unión del Personal Civil de la Nación Seccional Tucumán está al caer y puede enturbiar las negociaciones.
El único jaldista de primera línea que se calzó el escudo para salir a resistir las críticas fue el ministro del Interior, Darío Monteros. El bandeño se encargó de replicar a la influyente diputada Vanesa Siley, una de las voces kirchneristas en el Consejo de la Magistratura y en el recinto. El ex intendente sostuvo los argumentos de su jefe político: la necesidad de garantizar la gobernabilidad de la provincia.
Esa es, precisamente, la principal preocupación en el primer piso de la Casa de Gobierno. El impacto del parate en la economía y la falta de consumo mantienen exhaustas a las finanzas públicas. Los $ 8.000 millones en promedio de caída mensual en los ingresos del Estado serían compensados mediante Aportes del Tesoro Nacional (ATN) en cuotas, tal como se adelantó aquí hace una semana. El senador kirchnerista José Mayans, ante la prensa, habló de $ 100.000 millones anuales para Tucumán. El número oficial aún no se conoce, pero el compromiso libertario de retribuir el apoyo de los mandatarios existe.
En rigor, la compensación fue ratificada en la última conversación que mantuvieron Jaldo, Sáenz y Jalil con Diego Santilli, el ministro del Interior de la Nación. Tal como adelantó Tendencia de Noticias el jueves, la videoconferencia sirvió para que los peronistas le recordaran al macrista uno de los compromisos pendientes: neutralizar a los mileístas que en las provincias se despachan contra los gobernadores aliados. En el caso de Tucumán, las declaraciones de Lisandro Catalán hace rato dejaron de parecer simpáticas a Jaldo. El razonamiento es simple: ellos apoyan en Buenos Aires y asumen el costo político, pero LLA permite que en el territorio sus principales dirigentes actúen como oposición intransigente.
Después de semejante jugada y exposición asumidas por Jaldo y algunos de sus pares, se verá si el gobierno libertario aprendió de sus torpezas del pasado y, sobre todo, si es o no un buen "pagador". La necesidad de supervivencia electoral hacia 2027 y de intereses comunes, como el desplazamiento definitivo del kirchnerismo, deberían ser suficientes razones para que la Nación cumpliera con sus promesas -políticas y económicas- con las provincias amigas.
El título de la columna es una adaptación de una frase lanzada por el propio Jaldo un día antes del paro nacional del jueves. ¿Después del paro, qué? Nada, seguimos iguales”, había expresado el gobernador. La pregunta, ya transcurrida la sesión, bien puede aplicarse para indagar sobre el impacto de haber acompañado la reforma laboral. El desafío está en que la respuesta que se se dio a sí mismo no sea literal.