
Tendecia de Noticias.-
A los 19 años, Facundo Rodríguez habla del café con la pasión de quien encontró un camino inesperado. Hijo de una familia citricultora de Tafí Viejo y estudiante de Ingeniería Agronómica en la Universidad Nacional de Tucumán, descubrió ese mundo a fines de 2025 durante una práctica profesional en Brasil. Lo que comenzó como un viaje de formación terminó convirtiéndose en un proyecto de vida que hoy busca desarrollar en suelo tucumano.
En una charla con Tendencia de Noticias, recordó que su primer contacto profundo con el cultivo se produjo en el estado brasileño de Minas Gerais, una de las principales regiones cafetaleras del mundo. Allí permaneció durante dos meses recorriendo fincas y capacitándose sobre los distintos aspectos de la producción. “Brasil es el epicentro del café del mundo. Me fui con la idea de buscar un cultivo más rentable y que pudiera desarrollarse en menor superficie que la citricultura. Entonces se presentó la oportunidad del café y destiné el 100% de mi tiempo a esas prácticas”, señaló al rememorar aquella experiencia, que realizó mientras cursaba sus estudios en la Escuela de Agricultura y Sacarotecnia de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT).

Cuando regresó a Tucumán descubrió que no estaba solo. Ya existía un grupo de productores, técnicos e investigadores que venían trabajando en la adaptación del cultivo a las condiciones locales. “Yo no lo sabía antes de viajar. Cuando volví me encontré con este mundo del café tucumano que ya había comenzado un pequeño proceso”, contó. Para Facundo, el reciente lanzamiento del primer café producido íntegramente en la provincia marcó un antes y un después. Detrás de ese logro hubo años de investigaciones, pruebas y observaciones que permitieron confirmar que el cultivo podía desarrollarse en el pedemonte tucumano.
La historia del café en Tucumán, explica, es mucho más antigua de lo que muchos imaginan. Según relató, las primeras plantas llegaron hace aproximadamente 400 años junto con los jesuitas. Algunas sobrevivieron durante décadas en montes y patios familiares, despertando la curiosidad de quienes comenzaron a preguntarse si era posible transformarlas en una actividad productiva. “Hay muchas plantas que tienen muchísimo tiempo en el pedemonte tucumano. A partir de eso algunos productores comenzaron a reproducir semillas y a pensar en plantaciones más extensivas”, señaló.

Aunque todavía no tiene su propia producción en marcha, Facundo ya trabaja en el diseño de un proyecto que espera concretar a fines de este año. Su idea es implantar unas 3.000 plantas de café en una finca familiar donde actualmente hay citrus. El plan contempla asociar ambos cultivos e incorporar especies nativas para generar sombra y proteger a las plantas de las heladas. “Voy a asociar los cultivos. El café necesita cierta protección y quiero combinarlo con citrus y árboles de nuestra yunga para crear un ambiente favorable”, explicó.
Más allá del aspecto productivo, el joven imagina un proyecto con una fuerte impronta turística. Sueña con abrir las puertas de la finca para que visitantes y vecinos puedan recorrer las plantaciones, conocer el proceso y degustar café tucumano. “Me gustaría aprovechar este espacio para invitar a la gente a hacer recorridos, conocer el cultivo y tomarse un buen café”, afirmó.
Facundo ya tuvo la oportunidad de probar el primer lote de café producido en la provincia durante una degustación realizada en Tafí Viejo. La experiencia superó las expectativas. “Es un café súper bueno, que no tiene nada que envidiarle a ningún café de especialidad. Tiene una identidad propia, algo nuestro para ofrecerle al mundo”, aseguró. A su entender, el desafío de Tucumán no pasa por competir en volumen con gigantes como Brasil o Colombia, sino por posicionarse como productor de un café de origen, diferenciado y de alta calidad.

Con entusiasmo, también destaca el potencial económico que podría representar el cultivo para la provincia. Recuerda que Argentina importa prácticamente todo el café que consume y considera que existe una oportunidad para diversificar la matriz productiva local. Sin embargo, insiste en que el proyecto debe trascender el campo y convertirse en una propuesta cultural. “No se trata solamente de los productores. Hay oportunidades para viveros, cafeterías, baristas y comerciantes. Me gustaría que la gente se involucre y que el café tucumano forme parte de nuestra identidad”, sostuvo.
Mientras cursa el primer año de Agronomía, Facundo sigue difundiendo las posibilidades de una actividad que lo apasiona. Aquel viaje a Brasil le permitió descubrir un cultivo que hoy lo desvela. Y aunque reconoce que todavía queda mucho camino por recorrer, está convencido de que el café puede convertirse en una nueva oportunidad para Tucumán. “Espero que tengamos un café diferencial para ofrecerle al mundo”, concluyó.