
Durante Agroactiva, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) presentó avances en biotecnología que apuntan a mejorar la eficiencia productiva y la sustentabilidad de los sistemas agrícolas mediante una nueva generación de inoculantes desarrollados con herramientas de edición génica.
La iniciativa busca dar respuesta a uno de los principales desafíos de la agricultura moderna: el manejo del nitrógeno. Este nutriente es esencial para los cultivos, pero su fertilización implica costos crecientes para los productores y está expuesta a las fluctuaciones de los mercados internacionales. En este contexto, investigadores del organismo trabajan en el mejoramiento genético de microorganismos utilizados habitualmente en los cultivos para potenciar su capacidad de fijar nitrógeno de manera biológica.
El proyecto es liderado por equipos del INTA y del Conicet que desarrollan inoculantes más eficientes sin alterar las prácticas de manejo que actualmente utilizan los productores. Según explicó Nicolás Ayub, investigador del Instituto de Genética e IABIMO del INTA, la propuesta consiste en optimizar la genética de los microorganismos que ya forman parte de los paquetes tecnológicos agrícolas.
“Uno de los desafíos centrales es el nitrógeno. La fertilización nitrogenada representa un costo creciente para los productores, está expuesta a la volatilidad internacional de precios y condiciona la rentabilidad agrícola”, señaló Ayub durante la muestra realizada en Armstrong, Santa Fe.
Los primeros resultados obtenidos muestran perspectivas alentadoras. En soja, los ensayos registraron incrementos de rendimiento de hasta un 6%, mientras que las emisiones de óxido nitroso podrían disminuir alrededor de un 22%. Estos beneficios se relacionan con una utilización más eficiente del nitrógeno disponible y con una mayor capacidad biológica de los microorganismos para incorporarlo al sistema productivo.
El investigador destacó además que el avance no exige modificaciones operativas en el campo. “No hay que modificar el manejo. Se utilizan los mismos inoculantes y la misma metodología de inoculación que se emplea actualmente; simplemente se mejoró la genética del microorganismo. El paquete tecnológico es más potente, pero el uso sigue siendo exactamente el mismo”, afirmó.
Ayub remarcó que la Argentina logró avances científicos y regulatorios que la ubican entre los países de referencia en esta tecnología. Los microorganismos editados son considerados non-GMO porque no incorporan genes provenientes de otras especies, una característica que facilita su aceptación regulatoria y comercial. “La Argentina ya consiguió desarrollos científicos y aprobaciones regulatorias que la posicionan como referente internacional en el impulso de inoculantes editados genéticamente”, sostuvo.
De cara al futuro, el especialista consideró que estas innovaciones podrían transformar el mercado de los biofertilizantes y abrir nuevas aplicaciones en biocontrol, remediación ambiental, producción de alimentos y salud animal. “El desarrollo de microorganismos editados representa una oportunidad para que la Argentina lidere una nueva etapa de innovación agropecuaria, con impacto productivo, tecnológico y comercial”, concluyó.