
Bajo un clima de máxima tensión política y envalentonado por las recientes victorias parlamentarias de leyes clave para su gestión, el presidente Javier Milei brindó un discurso plagado de contestaciones, refutaciones, insultos e ironías dirigidas contra la oposición más dura, especialmente el kirchnerismo y la izquierda. En una intervención que lo mostró "en llamas", el mandatario apeló a constantes descalificaciones como “cavernícolas”, “chorros”, “delincuentes” e “ignorantes” para referirse a sus adversarios. Con los "políticos corruptos y los empresarios prebendarios" como blanco principal, Milei defendió a ultranza su hoja de ruta libertaria, asentada en las reformas estructurales, la apertura económica, los nuevos lazos internacionales, el achique del Estado y la preservación del equilibrio fiscal como guías fundamentales para “hacer a la Argentina grande nuevamente”.
El mandatario inició su mensaje con un crudo diagnóstico de la “crisis terminal” y la “herencia recibida”, comparando la situación previa a su mandato con los peores momentos de 1975, 1989 y 2001. Afirmó que recibió un “Estado fallido en todos los ámbitos”, caracterizado por una “pobreza camuflada” que alcanzaba al 57% tras sincerar los precios y una “promiscuidad histórica entre la política y la justicia”. Ante las interrupciones de sectores opositores que se negaban obviamente a aplaudir sendos pasajes de su alocución, Milei disparó: “Ustedes no pueden aplaudir porque se les escapa las manos a los bolsillos ajenos”.
En su defensa del rumbo económico, destacó la tarea del Congreso en materia de Presupuesto sin déficit, la sanción de la Ley de Inocencia Fiscal y la reforma de la Ley Penal Juvenil, subrayando que “el que las hace las paga”. En este punto, no ahorró alusiones directas a Cristina Fernández de Kirchner, refiriéndose a ella como “la jefa de la banda” y asegurando que “va a seguir presa por ser una chorra”.

Uno de los ejes conceptuales del discurso fue la definición de la “moral como política de Estado”, contrapuesta a lo que calificó como la amoralidad de la dirigencia tradicional. Al ser cuestionado desde las bancas refractarias (que eran menos de un tercio de los presentes, puesto que parlamentarios molestos por la diatriba presidencial decidieron retirarse del recinto), Milei retrucó: “Los fascistas son socialistas que entendieron que el camino no era la violencia... agarren los libros”. Bajo esta lógica, reivindicó la gestión de sus ministros, mencionando a Luis Caputo como “el mejor ministro de economía del mundo”, a Santiago Bausili (Banco Central) por salvar al país de la hiperinflación, a Pablo Quirno (ex secretario de Finanzas y actual Canciller), Federico Sturzenegger (Desregulación y Modernización) por su “tarea ciclópea” en desregulación y a Sandra Pettovello (Capital Humano) por terminar con la intermediación de la ayuda social.
En seguridad, resaltó el accionar de Bullrich y el fin de los piquetes: “Hemos terminado con los piquetes de una vez por todas, de 9.000 por año a cero”. En esta parte, dirigiéndose a la militancia kirchnerista, lanzó: “Kukas, me encanta domarlos, me encanta hacerlos llorar”.
Milei dedicó un extenso tramo a la apertura económica, criticando el “fetiche industrialista” y el “modelo empobrecedor” que, según su visión, permitía a empresarios corruptos y políticos negociar coimas. Ejemplificó estas distorsiones con los sobrecostos en tubos de acero, neumáticos y remeras: “¿Acaso les parece bien pagar una remera básica $50 cuando la importada cuesta cinco?”. En tal sentido, y sin hacer una referencia directa aludió a los cruces recientes que tuvo con empresarios como Paolo Rocca (Techint) y Javier Madanes Quintanilla (Fate y Aluar).
Diferenciación
Defendió el RIGI como la política de desarrollo más eficaz del siglo y anunció que el acuerdo Mercosur-Unión Europea y la alianza estratégica con los Estados Unidos son prioridades para insertar al país en el “nuevo orden mundial”. Respecto a la geopolítica, fue tajante al despegarse de regímenes como los de Irán y Venezuela, a quienes llamó “asesinos” y los emparentó con los referentes kirchneristas y de izquierda que comulgan con dichas políticas, ratificando su vínculo con Donald Trump para “hacer Argentina y América grande nuevamente”. Vale resaltar que, en relación al país caribeño, Milei no hizo referencia alguna a la liberación del gendarme argentino, Nahuel Gallo, quien regresaba a la Argentina en un vuelo con dirigentes de la AFA, institución que habría sido el nexo para lograr que recuperara la libertad, lo que descolocó a la Cancillería argentina y sus gestiones al respecto.
Hacia el final, Milei anunció que cada ministerio ha preparado paquetes de reformas que sumarán 90 proyectos de ley a ser tratados durante el año. En este punto, buscó diferenciar su estilo de construcción de poder: “Nuestra ambición reformista no puede ser entendida como una intentona por acumular poder. No es, ni nunca será un 'vamos por todo' porque la receta es la reducción del tamaño del Estado”.
Concluyó trazando una dualidad entre los “argentinos produciendo” y los “parásitos” que viven del Estado, consagrando el 2026 como el “Año de la Grandeza Argentina”. “La malaria se terminó”, sentenció el presidente, quien fue ovacionado 63 veces durante su discurso, cerrando con su habitual grito: “¡Viva la libertad, carajo!”.
En el marco de este evento institucional, se observaron detalles de color político: el mandatario se fundió en un abrazo con la senadora Patricia Bullrich al inicio; al ingresar al recinto el primero en saludarlo fue el diputado nacional por Tucumán, Gerardo Huesen, mientras que la vicepresidente Victoria Villarruel lo aguardó más de 40 minutos en las escalinatas y la transmisión oficial no mostró cuando ,tanto el Mandatario como la titular del Senado, debieron saludarse. Además, lo que sí registraron las cámaras fue que, en plena alocución de Milei, Villarruel no soltaba su celular e incluso enviaba mensajes. Asimismo, la secretaria general Karina Milei recibió una ovación desde los palcos, donde también se encontraban los padres del Presidente y fue enfocado reiteradamente el presidente de La Libertad Avanza en Tucumán, Lisandro Catalán.