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ANÁLISIS POLÍTICO IV

Jaldo y Chahla: unidad en la vanguardia, ¿fractura en la retaguardia?

En su columna, el periodista y analista político Juan Pablo Durán explora la tensión latente entre el gobernador Osvaldo Jaldo y la intendenta Rossana Chahla, quienes exhiben una imagen de unidad institucional mientras persisten señales de disputa interna, en un equilibrio estratégico atravesado por el avance de La Libertad Avanza y la proyección electoral hacia 2027.

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Juan Pablo DuránTendencia de noticias
01 mar, 2026 10:27 p. m. Actualizado: 01 mar, 2026 10:27 p. m. AR
Jaldo y Chahla: unidad en la vanguardia, ¿fractura en la retaguardia?

EN EL CONCEJO: CHAHLA Y JALDO. FOTO: MUNICIPALIDAD SAN MIGUEL DE TUCUMÁN

Las aperturas de sesiones ordinarias de los órganos parlamentarios ocurren solo una vez al año. Y son una ocasional vidriera que permite mostrar, aunque sea de manera momentánea, una imagen real de la política. Este acontecimiento generalmente ocurre cuando termina el Carnaval. Y es el momento de poder observar a los actores políticos ya sin sus máscaras, ya sin sus disfraces. Los gestos, las posturas y sus discursos sea tornan visibles y evidentes. Durante un par de horas no hay lugar para imposturas y falsedades.


No es novedad que la relación política y personal entre el gobernador Osvaldo Jaldo y la intendenta Rossana Chahla transite por un momento de turbulencias. El mayor clímax de tensión política ocurrió el 26 de octubre del año pasado, cuando se celebraron las elecciones a diputados nacionales. Ese día, la hermana del gobernador le recriminó a la jefa municipal su escasa participación en los comicios. Y que, como consecuencia de eso, el Frente Tucumán Primero FTP había cosechado en la Capital menos votos que La Libertad Avanza. Meses antes de esas elecciones, el jaldismo le recriminaba, además, el hecho de no haber aceptado formar parte de la lista como candidata testimonial. Como respuesta a ese ataque, Chahla había manifestado, en reiteradas veces, que no comulgaba con las candidaturas testimoniales. Este hecho marcó un punto de inflexión entre ambos. Comenzó a tomar cuerpo en la calle el rumor de que la ex ministra de Salud de Juan Manzur ya no formaría parte del esquema peronista de poder en 2027. Y que, por este motivo, Chahla tendría en sus planes romper con el jaldismo y disputarle la gobernación, integrando un gran frente opositor.


Sin embargo, en las aperturas de sesiones de la Legislatura y del Concejo capitalino ambos mostraron una imagen de concordia y unidad. Incluso la intendenta, al finalizar su alocución en el recinto, hizo público su deseo de bregar por la unidad. Jaldo, a su vez, invitó a Chahla a que caminaran juntos desde su vivienda particular hasta el palacio legislativo.


Existe una máxima en política que prescribe que mostrar división interna es un símbolo de debilidad. El jesuita Baltasar Gracián decía que no hay mayor maestría que la de saber ocultar el propio saber, «porque la unidad fingida es el velo de los fuertes». También Maquiavelo escribió sobre este concepto de mantener ocultas las diferencias. El autor de El Príncipe enseñaba que es imprescindible mantener a la tropa unida en la plaza pública, «aunque se degüellen en el cuartel». O el propio Sun Tzu quien dijo que todo el arte de la guerra se basa en el engaño.


Como discípulos bien aprendidos de estos grandes pensadores, Jaldo y Chahla prefieren no hacer públicas sus diferencias por dos motivos. En primer lugar, hay un factor externo: no mostrar señales de fragilidad ante la oposición, pero fundamentalmente ante La Libertad Avanza, un espacio político que viene en franco crecimiento y que logró obtener dos bancas en el Congreso. Y, en segundo lugar, el factor interno: es necesario cumplir con los roles asignados del poder. Jaldo se muestra como un jefe autoritario que ordena y Chahla como una subordinada que acata. En un lenguaje más llano, fingir demencia y seguir. Ninguno de los dos está en condiciones de hacer una jugada de más. Ambos, son los dirigentes políticos con mayor imagen positiva de Tucumán. Los dos se necesitan y ninguno puede darse el lujo de prescindir del otro. Los dos saben que un quiebre prematuro sería darle una ventaja única a la oposición, al dividir el voto peronista. Como en el comienzo de la guerra fría, los dos saben que una fractura sin timing político los llevaría a una destrucción mutua asegurada. La paz que mantendrán durante este año no será por la buena voluntad de los dos, sino por el miedo al daño recíproco que cada bando pudiera infligir. En 2027 ya será otra la historia.

El autor de esta columna es periodista y analista político.

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