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LA SEMANA POLÍTICA

Interna en pausa y movimientos en marcha: la sombra de Manzur y los guiños entre Jaldo y Acevedo

Con acercamientos sin eco y un discurso crítico, el senador intenta reingresar al centro de la escena en un justicialismo que busca unidad porque "no sobra nadie".

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Fernando StanichTendencia de noticias
11 abr, 2026 08:57 p. m. Actualizado: 12 abr, 2026 08:12 a. m. AR
Interna en pausa y movimientos en marcha: la sombra de Manzur y los guiños entre Jaldo y Acevedo

Juan Manzur volvió a moverse. Y cuando el senador se mueve, en Tucumán nadie lo toma como un gesto inocente. Hay en su derrotero reciente -viajes, reuniones, sonrisas amplias- una intención que trasciende la nostalgia del poder: el ex gobernador parece decidido a volver a jugar. No necesariamente a una sola carta, sino a varias, como supo hacerlo en otros tiempos.


El calendario ayuda a entender el apuro de "El hombre que siempre ríe". En 2027, entre mayo y junio, Tucumán volverá a las urnas y, aunque falte tiempo y las preocupaciones de la sociedad estén puestas en el día a día, en la política real ese reloj ya empezó a correr. En el medio habrá un paréntesis por el Mundial de fútbol en Estados Unidos y las vacaciones de invierno. Después vendrá el tobogán y los tiempos se acelerarán. Osvaldo Jaldo lo sabe: repitió esta semana ante Los Primeros (Canal 10) que está habilitado para buscar la reelección, pero que aún no tomó la decisión. Es una definición que, en sí misma, es una jugada. Mantiene la expectativa, ordena a los propios y deja en suspenso a los ajenos.


Miguel Acevedo no quiso quedar afuera de este escenario de movimientos de la otrora dupla gobernante. Y ese no es un dato menor. El vicegobernador no solo reafirmó su alineamiento con Jaldo, sino que reiteró sin rodeos su deseo de repetir la fórmula. En una provincia donde históricamente gobernador y vice se miraron de reojo, Acevedo eligió mostrar cohesión. “Somos una fórmula”, dijo en LG Play, como quien intenta cerrar cualquier fisura antes de que aparezca. Más que para Jaldo, ese mensaje tiene con claridad otro destinatario: su ¿ex? jefe político Manzur. En los pasillos de la Cámara aseguran que el ex ministro del Interior viene tomando distancia del senador, ya que no cree que sea momento de priorizar la política por sobre la gestión.


Pero la política tucumana rara vez acepta relatos lineales. Mientras Acevedo se muestra alineado, en la Casa de Gobierno algunos empezaron a tomar nota -y distancia- de sus movimientos. En particular, en el entorno del ministro del Interior, Darío Monteros, donde prestaron atención a sus declaraciones y a sus gestos. La armonía institucional, en Tucumán, siempre convive con la desconfianza.


Manzur, desde el silencio, pretende aprovechar esas grietas. El ex gobernador buscó acercamientos con Acevedo, con intendentes y con legisladores. Pero, por ahora, no encontró la recepción que esperaba. Más que un rechazo explícito, se trata de algo más sofisticado. Es el “todavía no”. De hecho, varios de esos dirigentes avisaron de que habían sido tentados al teléfono del ministro del Interior, convertido en "El Comisario" de "El Comisario Jaldo". Ninguno de los que rechazó el convite a la casona de Yerba Buena quiere quedar pegado en la interna, por eso alertaron de las llamadas.


¿Por qué reapareció ahora Manzur? Quienes conversaron con él aseguran que está activo, optimista y hasta entusiasmado. En su entorno, además, repite que “este es su año”. Y agrega una variable externa que, para él, no es menor: el escenario internacional. Sus viajes frecuentes a Estados Unidos, sus reuniones con senadores opositores a Donald Trump y su expectativa de un cambio de viento político en ese país (tiene legislativas en noviembre) forman parte de su narrativa. Cree -o dice creer- que ese giro podría fortalecerlo.


En paralelo, instala otra idea: su preocupación por Jaldo. No es un cuestionamiento frontal, al menos por ahora. Habla de la cercanía del gobernador con Javier Milei, del contexto económico y social, y de los riesgos de ese alineamiento. En esa línea discursiva hay una diagonal que lo vuelve a unir con el diputado Pablo Yedlin, quien ya anticipó que en 2027 no aceptará una alianza con el jaldismo mientras no se respete la postura de oposición a La Libertad Avanza.


Pero la jugada más osada que desliza Manzur es otra. El senador asegura ante los íntimos que la reelección de Jaldo podría ser frenada en la Justicia y que eso reconfiguraría todo el tablero y abriría el juego político. Quizá, se trate más de un anhelo o de un deja vu de lo que padeció en carne propia en 2023. Aquel año debió correrse de la fórmula por decisión de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Contra esa versión, Jaldo repite que está habilitado.


Frente a esto, Jaldo ratifica que constitucionalmente puede buscar un nuevo mandato y le baja el tono a esas versiones. Dice que no es tiempo de candidaturas y que la prioridad es la gestión en un contexto difícil. Es un mensaje hacia adentro del peronismo, porque pide disciplina, orden y paciencia. Pero también es una advertencia hacia afuera: el que se apura, se expone.


Acevedo, en esa lógica, juega a consolidarse. Su última declaración no es solo un gesto de lealtad; es también una forma de posicionarse como parte de la continuidad. Si Jaldo decide ir por la reelección, él quiere estar ahí. A pesar del cerrojo presupuestario impuesto desde la Casa de Gobierno, el vicegobernador se siente muy cómodo al frente del Poder Legislativo.


Manzur, en cambio, enrostra contactos internacionales y una confianza que, para algunos, roza la sobreestimación. Pero en política, la percepción también construye poder y a eso se aferra el senador. En particular, porque en 2027 las elecciones permitirán la renovación de todos los cargos públicos: comunas, concejos deliberantes, intendencias, Legislatura, diputados, senadores y el premio mayor: la fórmula de gobernador y vice. Es decir, puede haber lugar para todos.


Hay otra cruz con la que carga el también ex ministro de Salud de Cristina Fernández de Kirchner. En el peronismo que le seguía no le perdonan que haya "hecho la planchita" tras la asunción de Jaldo. Esa ausencia en estos dos años, además de haber acordado en las legislativas de 2025 sin respetar el clamor del peronismo no mileísta, le juega en contra. Ya son pocos los que le creen.


Como se ve, Tucumán intenta dejar atrás los meses de una gestión signada por la urgencia de las inundaciones para entrar lentamente en el clima electoral. En especial el peronismo, que de a poco empieza a ordenar su interna con una salvedad: ya no sobra nadie, como admitió Jaldo en el almuerzo de marzo con los legisladores.

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