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LA SEMANA POLÍTICA

Con el calendario electoral en marcha, se agota el margen para las especulaciones en Tucumán

A horas de la firma del decreto de convocatoria a votar en mayo, el silencio de Rossana Chahla, la pulseada Acevedo-Monteros por las listas y el territorio y las tensiones entre Catalán y Campero mantienen abiertas las internas locales.

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Fernando StanichTendencia de noticias
25 jul, 2026 12:03 p. m. Actualizado: 26 jul, 2026 09:01 a. m. AR
Con el calendario electoral en marcha, se agota el margen para las especulaciones en Tucumán

Foto: Archivo.- Marcelo Aguaysol LG

Con el decreto de convocatoria a elecciones en la gatera, la atención de la política tucumana se posará sobre las incógnitas que aún permanecen abiertas. Por un lado, el futuro de Rossana Chahla. Por el otro, si efectivamente Lisandro Catalán y Mariano Campero podrán cerrar un acuerdo o no. Debajo de esas preguntas, por supuesto, se abren internas y rencillas que, cada cuatro años, suelen reeditarse.


El problema de salud que aquejó a Osvaldo Jaldo el viernes motivó la única improvisación del libreto oficialista. El gobernador había viajado a Buenos Aires para avisarle al ministro del Interior, Diego Santilli, que convocará a votar el 9 de mayo de 2027. No había ninguna necesidad en dar esa noticia en persona a un ministro de Javier Milei, pero el mandatario cuida al extremo la relación institucional con La Libertad Avanza y entendía que debía actuar con cortesía. De hecho, hay reciprocidad en ese vínculo desde lo personal y desde lo político.


En el primer caso, por la cantidad de mensajes de preocupación de las principales figuras libertarias que recibió Jaldo durante el fin de semana. Karina Milei, los Menem y los ministros Santilli y Luis Caputo escribieron al tucumano para darle aliento. En el plano institucional, porque el Gobierno libertario está a un paso de postergarle el comienzo del pago de las cuotas por el adelanto de coparticipación que le concedió a Tucumán en la primera mitad del año. La decisión le permitiría a Jaldo contar con mayor flujo de caja justo en el comienzo de un período electoral.


El affaire Manzur y la incógnita Chahla


Superado el sacudón de estos días y con el decreto listo para la firma, el oficialismo y la oposición pasan a mirar sus ordenamientos internos. En el jaldismo minimizan el quiebre con el senador Juan Manzur, ya que vaticinan que el impacto electoral sería nulo. ¿Por qué tanto optimismo? Porque entienden que luego del pico de exposición que tuvo el ex gobernador y de su declaración de guerra, no sumó adhesiones significativas entre la dirigencia peronista.


El punto de acuerdo entre Jaldo y Manzur es complicado de hallar, porque ambos necesitan o quieren la banca de senador. El actual mandatario requiere de ese lugar para cumplir con la tradición del retiro de los jefes provinciales, una vez finalizado el mandato (los mandatos en el Senado duran seis años). Y el médico busca sostener su cuota de poder y de lobby en la política nacional. Si esto no se puede negociar, el margen de entendimiento queda reducido a la capitulación de uno de los dos.


Lo que sí inquieta a la Casa de Gobierno es el silencio de Chahla. La intendenta alimenta rumores con su postura. Por un lado, al manzurismo, que la espera con los brazos abiertos y confía en su regreso. Por el otro, al jaldismo, porque el sí se demora. Aquí vale dedicar unas cuantas líneas a este apartado de la interna. En el entorno del gobernador aseguran que la jefa municipal les confirmó que irá por la reelección, aunque pidió ser ella -y a su tiempo- quien lo anuncie en público. Al margen, admiten que en esa decisión de mantener la incertidumbre de Chahla hay un condimento especulativo. ¿Estará jugando con la posibilidad de que se impugne judicialmente la postulación de Jaldo? Esa pregunta se la repiten en el primer piso de 25 de Mayo y San Martín con frecuencia.


En los pasillos de 9 de Julio y Lavalle, en tanto, sostienen que ni siquiera a su entorno más íntimo Chahla adelantó sus aspiraciones. Sin embargo, establecen un límite claro: no hay que esperar un regreso político al manzurismo. Entonces, vuelve a surgir el interrogante: ¿por qué la médica dilata su definición? Es interesante evaluar si ella se siente cómoda en ese sillón, o al menos lo suficiente como para buscar otros cuatro años. Quienes la conocen aventuran que no es el mejor lugar, en este contexto político y económico, para potenciar su crecimiento. Y le reservan una ficha en el rearmado del peronismo nacional. En esas elucubraciones, todavía demasiado verdes, imaginan a la intendenta cerca del armado del banquero Jorge Brito.


El PJ mira su propio calendario


La segunda cuestión por resolver en el peronismo es la convocatoria a renovación de autoridades partidarias. Los plazos están más o menos definidos: la actual composición del Congreso Provincial del PJ tendría la responsabilidad de autorizar al Consejo a la conformación del frente electoral para 2027, así como quitar el requisito del tiempo de afiliación para las candidaturas.


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Aunque los mandatos en el PJ vencen en abril del año que viene, la idea -como en 2023- es separar esa interna del proceso electoral provincial. Por eso, el peronismo podría establecer un cronograma interno hacia diciembre. Después de la última gran interna partidaria en 2006, en la que el alperovichismo aplastó a Fernando Juri, no hubo discusión a gran escala en el justicialismo. Por tanto, no es de prever que el manzurismo pretenda gastar una bala en esa pelea.


La pulseada por las listas: una vieja disputa que se reedita


La verdadera disputa que comienza dentro del oficialismo no es por la fórmula, sino por quién administrará el poder territorial. Algo de eso conversaron el lunes Jaldo y Miguel Acevedo. En la última elección, el vicegobernador tuvo a su cargo el armado en la Capital, aunque es un referente con manejo del interior y ahora, como integrante de la fórmula, está dispuesto a tener injerencia en la confección de los acoples. Allí aparece la sombra de otra figura fuerte del jaldismo, el ministro Darío Monteros. Vale recordar que Acevedo y Monteros mantienen una vieja rivalidad, con picos en la época de conducción manzurista.


Durante las reuniones en El Cadillal, Jaldo repitió que no es momento de represalias para nadie, y que serán bienvenidos todos aquellos que quieran apoyar a la fórmula. Es decir, les anticipó a los “oficiales” que habrá vía libre para la competencia. El primer ruido dirigencial se generó hace un par de semanas, cuando Acevedo recibió al legislador Rolando “Tano” Alfaro y a miembros de su espacio político. El ahora ex aliado de Germán Alfaro aspira a armar un acople oficialista fuerte en la sección este con la venia de Acevedo, con lo cual se reedita una pulseada con el principal referente del jaldismo en esa sección: el propio Monteros.


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En la Legislatura entienden que el ministro deberá ponerse por encima de esas disputas locales, porque el objetivo final es sumar para la fórmula. Pero saben que es inevitable que si el vicegobernador bendice acoples en el territorio, afloren los roces. En la Casa de Gobierno, en cambio, anticipan que Monteros saldrá a jugar con fuerza para revalidar su poderío electoral en el interior, porque necesita consolidar su posición de principal armador del gobernador en las urnas. Es el escudo más eficaz para afrontar los próximos cuatro años.


El factor LLA y la amenaza de las colectoras


Hay otro zumbido que incomoda al oficialismo, y tiene que ver con la idea de La Libertad Avanza de habilitar colectoras para la categoría de diputados nacionales. Es muy prematuro, porque ni siquiera hay números aún en el Congreso para suspender las PASO. Pero si esto ocurre y se habilitan los acoples (eso son, aunque tengan otro nombre), el peronismo no resolverá sus internas en las Primarias, como ocurrió en 2021. No tendría sentido, ya que los disidentes al jaldismo, eventualmente Manzur y los hermanos Yedlin, por ejemplo, podrían acoplarse a una candidatura presidencial desde otra fuerza política.


En la otra vereda, La Libertad Avanza en Tucumán también camina con sus indefiniciones a cuestas. En el espacio de Lisandro Catalán advierten que no habrá concesiones con el radical Mariano Campero. Por el contrario, afirman que si pretende sumarse al espacio deberá ceder en sus apetencias. Incluso, sostienen que la candidatura de Federico Pelli a la intendencia de Yerba Buena no surge como una herramienta de presión al camperismo, sino por el interés genuino del diputado libertario de disputar esa Municipalidad.


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Campero refuerza sus críticas a Catalán y lo responsabiliza de propiciar esta ruptura, a partir de un acuerdo político con Jaldo para fragmentar a la oposición. Lo de Pelli, expresa, es un ejemplo de esas provocaciones que sólo persiguen su rendición. En especial, porque en el camperismo están convencidos de que la postulación del diputado -en caso de que sea real- será impugnada a partir de las confusiones por su domicilio. Pelli vive (o vivía) en un country cuya jurisdicción es Villa Carmela; de hecho votó en una escuela de esa comuna en 2025. Y en caso de que sea cierto que registró un cambio de domicilio en la primera semana de julio a un local de avenida Aconquija al 1500, entrará en discusión el cumplimiento de los dos años de residencia que exige la ley.


Al margen de esas comidillas de entrecasa, en el camperismo reconocen que hay puentes abiertos con los libertarios tucumanos, y que incluso hay un especial interés en Buenos Aires de que haya entendimiento en esta provincia. Mientras, Catalán presiona con un lanzamiento virtual de su postulación, el 20 de agosto y ajusta el armado con otros radicales, como el concepcionense Alejandro Molinuevo. En paralelo, en el sector de Campero guardan la carta de Patricia Bullrich para forzar un acuerdo, en caso de que sea necesario. Pero no están dispuestos a claudicar ante Catalán, sino que esperan una negociación justa para ambos espacios.


Por si acaso, el oficialismo siguen con mucha atención ese desenlace, porque para Jaldo es clave que frente a la unidad peronista haya una diseminación de sellos opositores. En esa estrategia, cada desencuentro entre Catalán y Campero vale casi tanto como un acto de campaña propio. Un clásico que siempre funciona.

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