
Las mejores historias no siempre tienen un final feliz. La Selección Argentina protagonizó un Mundial inolvidable, pero en la final cayó 1-0 ante España y se quedó a las puertas de conquistar la cuarta estrella. Un resultado que, lamentablemente para el equipo argentino, se ajusta a lo que sucedió en el MetLife de Nueva Jersey.
Lionel Scaloni sorprendió al realizar tres modificaciones con respecto al equipo que venía de vencer a Inglaterra en las semifinales. Las razones, en todos los casos, estaban claras, al menos en la mirada desde afuera. Gonzalo Montiel ingresó en el lateral derecho para reemplazar a un irregular Nahuel Molina; Rodrigo De Paul regresó a la titularidad por su experiencia en partidos importantes, dejando en el banco a Giuliano Simeone, y Nicolás González ingresó por el sector izquierdo para ayudar a Nicolás Tagliafico en un sector complicado, sentando a Leandro Paredes.
Esa modificación, no tanto por el ingreso de González sino por la salida de Paredes, atentó un poco contra la intención de la "Albiceleste" de contrarrestar a España. Luis de la Fuente repitió el 11 que venció con claridad a Francia en semifinales, y apostó al mismo libreto que tanto éxito le dio en los últimos años: tenencia de pelota, mucha movilidad de mitad de cancha hacia adelante y proyección constante de los laterales.
Aunque desde el principio del partido la "Roja" dominó la pelota, con Rodri y Fabián Ruiz manejando los hilos, en los metros finales no estuvo tan fina. Sin Paredes, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister, más acostumbrados a jugar con la pelota que a contener a la hora de defender, se vieron superados numéricamente por España, que generó huecos constantemente a sus espaldas. Lamine Yamal fue un peligro constante por la banda derecha, pero con Pedro Porro contenido por González, y un Tagliafico sólido, casi no pudo gravitar, más allá de algún que otro desborde. Mikel Oyarzábal y Álex Baena casi no pudieron entrar en juego, y Dani Olmo estuvo intermitente.
Planeado o no, Argentina le cedió la tenencia a España, como le gusta. El problema es que no pudo apostar a jugar al contragolpe: Julián Álvarez quedó muy aislado, Lionel Messi casi nunca recibió la pelota en posesión ofensiva y González, casi siempre que recibió, lo hizo en soledad.
Probablemente, una buena explicación para este trámite, donde se vio a una Argentina inusualmente endeble a la hora de disputar cada pelota, sea el estado físico. El seleccionado nacional disputó dos alargues en su camino a la final, y utilizó prácticamente la misma base de 15 jugadores para todos esos partidos. España nunca jugó más de 90 minutos y, además, tuvo un día más de descanso.
Como si fuera poco, hubo otros dos factores que también jugaron su partido. Por un lado, el arbitraje del esloveno Slavko Vincic, que fue bastante permisivo con España -no sacó una tarjeta en todo el partido y obvió faltas claras- y no así con Argentina. Y por el otro lado, la suerte. Sobre el final del primer tiempo, Scaloni debió realizar el primer cambio de manera obligada por la lesión de Lisandro Martínez, reemplazándolo con Nicolás Otamendi.
Para el segundo tiempo, el DT decidió ajustar en la mitad de la cancha, buscando más tenencia de pelota, y metió a Paredes por Nico González. Pero el mediocampista de Boca entró con demasiado ímpetu, se ganó la amarilla rápidamente y quedó condicionado. La salida de González, encima, le permitió a Porro proyectarse más y generar un nuevo problema en la defensa argentina, que sufrió dos lesiones más: las de Cristian "Cuti" Romero y Montiel, que dejaron la cancha para que ingresaran Facundo Medina y Molina. Sabiendo que no tenía más ventanas, Scaloni mandó a la cancha también a Giuliano Simeone por De Paul, en busca de reforzar un sector derecho que sufría mucho.
Aunque nunca pudo incomodar el arco de Unai Simón, Argentina logró mantener el empate y llevar el partido al alargue, pero con una jugada clave sobre el final: la expulsión de Enzo Fernández por doble amarilla. Con solo un cambio por delante, y con muchos jugadores cansados, Scaloni apeló a Marcos Senesi para reforzar la defensa. El mensaje estaba claro: aguantar hasta los penales.
Durante un rato, pareció posible. Emiliano Martínez tuvo un gran partido en el arco, con muy buenas atajadas, y la posibilidad de aguantar el cero parecía certera. Pero España, que tuvo buenos ingresos desde el banco, encontró el gol del triunfo en el arranque del segundo tiempo del alargue: Ferrán Torres remató dentro del área, tras una asistencia de cabeza de Nico Williams para el 1-0.
¿Asunto liquidado? Ni de cerca. Como en todo el Mundial, cada vez que recibió un golpe, Argentina se puso de pie rápidamente. Sin nafta, con medio equipo compuesto por defensores y sin ideas, pero con mucho amor propio, fue a buscar el empate. Y estuvo cerca de conseguirlo: un buscapié de Simeone encontró un pie español y la pelota se fue muy cerca del palo, mientras que el propio jugador del Atlético de Madrid ensayó una especie de tijera en un córner que se fue por arriba.
Esta vez, no hubo milagro. No apareció, como en partidos previos, ese gol salvador sobre el final. España, que fue mejor equipo en la final, como lo marcan las estadísticas -20 tiros y 12 al arco contra apenas dos remates de Argentina, 65% de posesión-, se quedó con el triunfo. Un resultado que no opaca, ni de cerca, el gran Mundial que hizo el combinado "albiceleste", que a puro corazón ilusionó a más de 40 millones de argentinos, y que ya se erigió, sin discusión, como la mejor Selección Argentina de la historia.