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Los estudiantes registraron resultados desalentadores en las pruebas PISA. Foto: Ministerio de Educación de Tucumán.
Los datos de las pruebas PISA 2025 reflejaron un retroceso en los rendimientos educativos a nivel internacional, pero preocuparon especialmente a la comunidad educativa de Argentina. Los estudiantes argentinos empeoraron sus resultados en Lectura, Matemática y Ciencias; y se ubicaron por debajo de otros países de la región.
Emmanuel Montivero, licenciado en educación y becario doctoral del CONICET, valoró estas instancias de evaluación, pero criticó las recetas que la OCDE elabora a partir de ellas. “Buscan que las naciones incorporen sus sugerencias de reformas en general curriculares, pero no resuelven asuntos de fondo. Argentina tiene un problema fundamental de política educativa. Pretender cambiar su estado actual no basta con sentarse en el Ministerio, Secretaría o como se llame”, advirtió.
Además, el especialista señaló que es difícil encontrar causas directas al retroceso que se registró en la mayoría de los países evaluados. El impacto de la pandemia, una de las posibles explicaciones, fue descartado como el causante. “Lo que hizo la pandemia fue exhibir la asimetría existente entre las jurisdicciones, algo que venía a subsanar la desnacionalización del sistema que terminó por hacerse a fines del siglo pasado”, analizó.
Más allá de la historización de la cuestión educativa, la difusión de las pruebas PISA trajo consigo un debate que mira hacia el futuro: qué camino debería tomar el sistema de educación para mejorar el aprendizaje. Montivero no es tan entusiasta con el panorama. “En la actualidad no hay ninguna iniciativa de reforma que vaya a resolver los problemas educativos. Es más, a las asimetrías ya existentes se les sumará el absoluto desentendimiento de la Nación para corregirlas”, pronosticó.

La modificación de los contenidos o los métodos, que se refieren en última instancia a la formación de los docentes, no serían suficientes. Bajo los ojos del especialista, hay tres ejes en los que debería trabajarse: la alianza entre la escuela y la familia; la reconstrucción de la autoridad docente; y la revitalización de la carrera profesional y de los ámbitos de discusión federal.
A pesar de la falta de un camino consensuado, el contexto presenta algunas señales favorables. “Uno de los consensos del campo académico es que la baja demográfica permite hacer ajustes al sistema con el menor impacto posible”, celebró Montivero.
La inteligencia artificial en el aula
En paralelo, la irrupción de la inteligencia artificial en las aulas absorbió el debate educativo. La enseñanza siempre utilizó diversos recursos a lo largo de la historia, desde el aula hasta los mesones grupales, y la utilización de esta tecnología podría representar una nueva oportunidad para potenciar la educación, analizó el investigador. En este punto, recordó las palabras del papa León XIV en su última encíclica: la tecnología puede generar cambios positivos, pero también injusticias.
En última instancia, Montivero resaltó que el objetivo de aprender es construir una sociedad basada en el bien común. “Creo que el gesto de colocar a la persona en el centro, incluso de nuestro vínculo con las tecnologías, es un acto humanista más que necesario para los tiempos que vivimos”, concluyó.
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