Dólar Oficial
$1.530
Dólar Blue
$1.545
Dólar Tarjeta
$1.989
Euro
€1.759,92
Real
R$296,77
Azúcar Tucumán · 50kg
$36.810
Azúcar Int. · Londres N5
US$24,707
Azúcar Int. · EEUU N11
US$423,29
Bioetanol de caña ($/L)
1.072
Bioetanol de maíz ($/L)
982.976

La publicación del informe oficial "PISA 2025 Argentina: Informe de resultados" revela que el rendimiento escolar de los jóvenes de 15 años en el país está atravesado de forma determinante por factores estructurales, familiares e institucionales. El diagnóstico oficial —desarrollado por la Secretaría de Educación del Ministerio de Capital Humano, a través de la Subsecretaría de Información y Evaluación Educativa conducida por María Ángela Cortelezzi, con el trabajo de análisis y redacción de Gabriela Itzcovich y Anahí Pissinis— pone de manifiesto que el nivel socioeconómico y cultural del hogar se erige como la variable de mayor peso explicativo sobre los logros académicos. Sin embargo, la investigación técnica demuestra también que otros componentes clave —como la asistencia a la educación inicial, el ausentismo recurrente, la repitencia, el empleo adolescente, el apoyo en el hogar, la curiosidad individual y la disponibilidad de recursos materiales en las escuelas— inciden de manera directa en el desempeño de los alumnos, dibujando una trama compleja que condiciona la equidad del sistema educativo nacional.
Para comprender la magnitud de los factores asociados, resulta indispensable contextualizar los niveles de logro alcanzados por los estudiantes argentinos de 15 años en las tres disciplinas evaluadas por la OCDE en este ciclo:
Lectura: El 59,6% de los alumnos no alcanzó el umbral mínimo de competencias lectoras (Nivel 1 o inferior), con un puntaje promedio de 389 puntos, situándose en línea con la media de América Latina.

Matemática: Área de mayor rezago relativo, donde tres de cada cuatro estudiantes —el 75,8%— se ubicaron por debajo del umbral básico (Nivel 1 o inferior), obteniendo una media de 367 puntos, el registro más bajo de la serie histórica nacional.

Ciencias (dominio principal): El 59,3% de los participantes quedó confinado al Nivel 1 o inferior, registrando un promedio nacional de 393 puntos.

En el prólogo del documento institucional, al que tuvo acceso Tendencia de Noticias, el Secretario de Educación de la Nación, Carlos Torrendell, enmarca los datos como una herramienta de gestión imprescindible y advierte sobre el estancamiento general de las evaluaciones. El funcionario remarca la gravedad del escenario al señalar: “Los resultados de esta evaluación presentan tanto a nivel global como regional y nacional desempeños que, en las tres áreas evaluadas (Lectura, Matemática y Ciencias), no logran apartarse de una trayectoria que muestra una tendencia declinante en los últimos años. Asimismo, la desigualdad socioeconómica sigue constituyendo uno de los factores con mayor efecto sobre los resultados de aprendizaje, de manera transversal a los tres dominios evaluados. Estos datos no admiten atajos ni lecturas complacientes: son, ante todo, información necesaria para orientar con mayor precisión las decisiones de política educativa”.
El nivel socioeconómico como condicionante estructural
El tercer capítulo del informe, titulado "Factores asociados: los resultados de aprendizaje en contexto", aborda las dimensiones que explican las brechas de rendimiento. El Índice de Nivel Socioeconómico y Cultural (ESCS) en Argentina presenta un valor promedio de -0,63, situando al país en desventaja frente a la OCDE (-0,19), aunque por encima de la media de América Latina (-0,98).
El análisis por cuartiles demuestra que la distancia entre el estrato más vulnerable (cuartil 1) y el de mayores recursos (cuartil 4) es sustancial y homogénea en todas las materias: se ubica en 76 puntos en Lectura, 79 puntos en Matemática y 82 puntos en Ciencias. Respecto a esta brecha transversal, el informe destaca: “Al examinar el desempeño de los estudiantes según los cuartiles del índice ESCS, se observa que el rendimiento está sujeto a las condiciones socioeconómicas en las tres áreas evaluadas: cuanto más alto es el valor del índice, mejores son los resultados obtenidos por los estudiantes en cada uno de los dominios evaluados. Esto pone de manifiesto que el sistema educativo encuentra obstáculos importantes a la hora de compensar las desigualdades de origen”.

Asimismo, el informe rescata la presencia de estudiantes resilientes —aquellos que, perteneciendo al cuartil socioeconómico más bajo de su país, logran puntuaciones ubicadas en el cuartil superior a escala global—. En Argentina, este grupo alcanza el 13,2% en Matemática, el 14,6% en Lectura y el 14,2% en Ciencias, figurando entre las proporciones más altas de la región junto a Chile.
Entorno familiar: capital cultural y apoyo en el hogar
Las variables asociadas a la vida familiar muestran una clara correlación con las calificaciones obtenidas en las pruebas cognitivas:
Nivel educativo de la madre: El rendimiento se eleva gradualmente a medida que aumenta la escolaridad materna, registrándose la máxima brecha en la prueba de Lectura entre los hijos de madres sin calificaciones formales y quienes poseen estudios universitarios completos.

Cantidad de libros en el hogar: Esta medida de acceso a la cultura letrada se vincula positivamente con el éxito académico. Los estudiantes de hogares con menor dotación bibliográfica registran los promedios más bajos, en tanto aquellos con 101 a 200 libros alcanzan los techos de rendimiento en las tres áreas.

Apoyo familiar: El involucramiento de los padres (conversar sobre la escuela, mostrar interés por lo que aprenden o por su futuro) repercute favorablemente en el desempeño, observándose un salto estadísticamente significativo al pasar del primer al segundo y tercer cuartil de apoyo familiar.

Trayectorias escolares, ausentismo y dinámicas personales
Al evaluar el historial académico del alumnado de 15 años, el informe detecta patrones decisivos de rendimiento:
Educación inicial temprana: Quienes ingresaron al nivel inicial a los 3 años o menos obtienen entre 29 y 32 puntos más que los que lo hicieron a partir de los 4 años. No obstante, el texto aclara que en el cuartil socioeconómico más bajo esta ventaja casi se evapora, concluyendo que “el ingreso temprano a la educación inicial pareciera ser una condición necesaria, pero no suficiente para compensar las desigualdades de origen”.

Repitencia: El 17,7% de los evaluados repitió al menos un año lectivo. Esta condición se asocia con puntajes drásticamente inferiores respecto de quienes nunca repitieron, convergiendo los alumnos con sobreedad hacia un piso de rendimiento bajo sin importar su estrato social.

Ausentismo: El 27,8% de los alumnos declaró haber faltado a clase al menos una vez en las dos semanas previas al examen. Incurrir en ausentismo implica caídas de entre 30 y 38 puntos en las pruebas. El informe hace una salvedad metodológica relevante al sostener: “El ausentismo escolar constituye un factor muy relevante, al presentar niveles elevados en estudiantes provenientes de distintos niveles socioeconómicos. Al comparar estudiantes con condiciones socioeconómicas similares, aquellos que obtienen resultados significativamente inferiores son quienes presentan ausencias frecuentes”.

Trabajo remunerado: Un 27,6% de los adolescentes de 15 años manifestó haber trabajado a cambio de un pago en las dos semanas anteriores. Quienes no trabajaron superan holgadamente en rendimiento a los que sí lo hicieron, acentuándose la penalización académica en el sector socioeconómico medio y medio-alto.

Curiosidad e interés: El desarrollo de una actitud activa e inquisitiva actúa como un motor de aprendizaje. El paso del nivel más bajo de curiosidad al segundo cuartil reporta una mejora inmediata de aproximadamente 30 puntos en Lectura y Ciencias, sugiriendo la necesidad de garantizar un piso básico de motivación en las aulas.
El contexto escolar: gestión, recursos y acoso entre pares
Por último, el relevamiento analiza los condicionantes propios de las instituciones educativas:
Sector de gestión: El 68,6% de los alumnos evaluados asiste a escuelas de gestión estatal (cifra que sube al 87,6% en el cuartil más pobre). Si bien los estudiantes del sector privado promedian puntajes superiores, la variabilidad interna vinculada al origen social es más amplia dentro de las escuelas privadas que en las estatales.

Recursos y materiales educativos: El déficit de infraestructura, insumos y materiales pedagógicos —reportado por los directivos— impacta de forma negativa en los aprendizajes. Los estudiantes de sectores vulnerables que asisten a escuelas con menor déficit material obtienen rendimientos sensiblemente superiores a sus pares de igual nivel socioeconómico pero escolarizados en instituciones con carencias.
Acoso escolar (bullying): Pese a que Argentina muestra una alta concentración de estudiantes en niveles bajos de exposición al bullying (44%), la vivencia de situaciones de violencia o exclusión entre pares guarda una fuerte asociación negativa con las calificaciones en las tres disciplinas, profundizándose la brecha en los estratos de mayor nivel socioeconómico.
Pese a la contundencia de las cifras, Torrendell rechaza las visiones deterministas y enfatiza el margen de acción que conserva la institución escolar: “El peso que el origen socioeconómico tiene sobre los aprendizajes, que este informe documenta con claridad, no debe leerse como un techo insalvable. La historia y el presente de la escolarización demuestran que no hay determinismo social en materia educativa: los contextos influyen, y estos datos muestran cuánto, pero no explican por completo el aprendizaje de nuestros estudiantes. Los docentes y las instituciones educativas siempre pueden hacer una diferencia”.
El documento de la Secretaría de Educación sintetiza en sus conclusiones que, si bien la vulnerabilidad social representa el condicionante estructural más severo de la educación argentina, existen espacios concretos de intervención —como reducir el ausentismo, equipar las escuelas vulnerables y fortalecer el acompañamiento familiar— para garantizar aprendizajes de calidad para todos los jóvenes del país.