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Además de información, la muestra itinerante propone una participación activa de los visitantes.
El Centro Cultural Eugenio Flavio Virla es anfitrión de una muestra que retrata los trabajos realizados en la fosa clandestina más grande del país: el Pozo de Vargas. Se trata de "Excavar el silencio. Memorias desedimentadas en el Pozo de Vargas", una propuesta museográfica itinerante impulsada por el Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán (CAMIT) junto a la Facultad de Ciencias Naturales de la UNT.
La iniciativa puede visitarse en los horarios de apertura del centro cultural, de 9 a 13 h y de 17 a 20 h de lunes a viernes, y de 18 a 21 h de sábado a domingo. Su objetivo es acercar a la comunidad las labores desarrolladas durante casi un cuarto de siglo en el centro de inhumación tucumano. Fue en ese lugar donde se recuperaron los restos de 149 personas desaparecidas y se logró la identificación genética nominal de 121 víctimas a través del Equipo Argentino de Antropología Forense.
Andrés Romano, miembro del CAMIT, calificó las intervenciones como parte de una "arqueología de la esperanza" y explicó que el trabajo científico no concluye con la identificación del ADN y la restitución a los allegados. "Las familias a veces quieren saber qué pasó, cómo murió, qué ropa tenía, y todas esas preguntas tenemos que buscar la manera de dárselas", contó en diálogo con Tendencia de Noticias. En ese sentido, enfatizó que la propuesta apunta a movilizar a los jóvenes para que comprendan los aportes que puede realizar la arqueología.
La exhibición apela al valor de la evidencia física indirecta para representar la usina de objetos hallados a más de 40 metros de profundidad en el pozo. Los visitantes participan activamente seleccionando un botón, analizándolo en mesas de luz con infografías para deducir las características de la prenda original, e inscribiendo un nombre antes de colgarlo en un mural colectivo que emula la fosa.
Romano explicó el sentido oculto en esta actividad. "Un botón es un elemento cotidiano que pareciera ordinario, pero nos permite hacer todo un recorrido. Es un testimonio político, una evidencia material de las ausencias", desglosó.

El objeto y la víctima establecen una relación que va más allá de lo instrumental o lo material: cada objeto cuenta una historia (o varias). Por eso, Romano precisó que un botón indica que hubo una prenda, pero también que “hubo una persona”. “El botón no camina solo por la calle. Hay una comunión entre el botón, la prenda y la persona", insistió.
Un freno al negacionismo desde la prueba material
Frente al contexto político y social actual, el integrante del CAMIT remarcó la urgencia de apelar al rigor científico para sostener la memoria histórica. Romano aseveró que "la evidencia recuperada es una herramienta” que puede ser transformada en “esperanza y en justicia social”. Así, advirtió que es una operación “muy necesaria” en un momento en el que “desde el mismo gobierno se está trabajando un discurso de negacionismo”.

Para los autores de la muestra, la prueba material es concluyente: es la evidencia de que existió un terrorismo de Estado sistemático y planificado. “Desedimentar lo que pasó en el Pozo de Vargas es volver a traer, volver a desenterrar todas estas historias que estos objetos nos pueden contar para no negar lo que pasó”, concluyó Romano.
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