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Cuidar los animales, producir alimentos, guardar semillas para la próxima siembra. También acompañar la crianza, atender a quienes necesitan cuidados y sostener la organización de una comunidad. En el mundo rural, esas tareas suelen convivir en una misma jornada y muchas recaen sobre las mujeres, aunque una parte de su trabajo no tenga remuneración ni reconocimiento. Cada 15 de octubre, el Día Internacional de las Mujeres Rurales invita a mirar esa contribución y las condiciones en las que se realiza.
La conmemoración fue establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas mediante la resolución 62/136, aprobada el 18 de diciembre de 2007, y se celebró oficialmente por primera vez el 15 de octubre de 2008. Su propósito es reconocer el aporte de las mujeres rurales al desarrollo agrícola, la seguridad alimentaria y la lucha contra la pobreza. La elección del día también tiene un sentido: antecede al Día Mundial de la Alimentación, celebrado el 16 de octubre, y pone de relieve el vínculo entre su trabajo y los alimentos que llegan a la mesa.
En 2026, el lema difundido por Naciones Unidas es “Rural Women Farmers Caring for Mother Nature”, que puede traducirse como “Agricultoras rurales que cuidan de la Madre Naturaleza”. El enfoque destaca su participación en la conservación de semillas, la protección de la biodiversidad, el manejo del agua y la recuperación de tierras degradadas. La jornada coincide, además, con el Año Internacional de la Agricultora 2026: una oportunidad para dar mayor visibilidad a quienes producen y, al mismo tiempo, contribuyen a preservar los recursos de los que depende esa producción.
Dimensionar cuántas son exige cuidado con las estadísticas. Una referencia histórica difundida por Naciones Unidas sitúa a las mujeres y niñas rurales en alrededor de una cuarta parte de la población mundial, pero no constituye un conteo actualizado a 2026. Tampoco debe confundirse residencia rural con empleo agrícola: hay mujeres del campo que trabajan en otras actividades y trabajadoras agroalimentarias que viven en ciudades. Para este último universo, la FAO informó en un estudio publicado en 2023 que el 36% de las mujeres ocupadas del mundo trabajaba en sistemas agroalimentarios, que abarcan desde la producción hasta la distribución de alimentos.
Producir, cuidar y poder decidir
La reivindicación de esta fecha va más allá de reconocer su esfuerzo. Incluye el acceso a la tierra, al crédito, a la capacitación y a servicios de salud y educación, junto con una participación efectiva en las decisiones productivas y comunitarias. Las desigualdades tienen consecuencias concretas: el informe de la FAO de 2023 señala que las mujeres asalariadas de la agricultura recibían, en promedio mundial, 82 centavos por cada dólar ganado por los varones. También advierte sobre empleos más precarios y mayores dificultades para acceder a recursos productivos. Trabajar y aportar al ingreso familiar no siempre se traduce en disponer de ese ingreso o decidir cómo invertirlo.
A esas barreras se suma el desafío de producir en un escenario de cambio climático. La disponibilidad de agua, la conservación del suelo y la respuesta a los fenómenos extremos requieren conocimientos, financiamiento y herramientas que no llegan por igual a todas las personas. La conectividad también importa: permite acceder a información, formación y oportunidades comerciales, pero la brecha digital sigue siendo un obstáculo, junto con el tiempo que demandan las tareas domésticas y de cuidado sin remuneración.
Por eso, el 15 de octubre propone mirar el campo también desde quienes lo sostienen sin ocupar siempre los espacios de representación. Reconocer sus saberes, mejorar sus condiciones de trabajo y garantizar servicios e infraestructura son parte de una misma agenda. El lema de este año recupera su relación con la naturaleza, pero ese cuidado necesita respaldo: acceso a recursos, protección social y posibilidad de intervenir en las decisiones.