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INVESTIGACIÓN APLICADA

Cómo la ciencia tucumana transformó un residuo en recurso productivo: avances y nuevos desafíos

Estudios de la EEAOC muestran que, con manejo adecuado, la vinaza mejora indicadores del suelo sin generar impactos negativos.

PorTendencia de noticias
28 feb, 2026 09:04 p. m. Actualizado: 28 feb, 2026 09:04 p. m. AR
Cómo la ciencia tucumana transformó un residuo en recurso productivo: avances y nuevos desafíos

La vinaza, un subproducto de la industria sucroalcoholera históricamente asociado a problemas ambientales, comenzó a ser revalorizada en Tucumán a partir de un trabajo técnico sostenido en el tiempo. Así lo explica la ingeniera Carolina Sotomayor, especialista de la Sección Suelos de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC), quien detalla cómo la investigación local permitió transformar ese efluente en un insumo agrícola manejable, siempre bajo criterios estrictos de aplicación, monitoreo continuo y adaptación a cada ambiente productivo.


Durante años, la disposición de la vinaza generó conflictos, incluso con impacto interprovincial. Uno de los episodios más críticos fue el deterioro ambiental en el dique El Frontal, donde se registraron mortandades de flora y fauna acuática. Ese escenario derivó en la prohibición de su vuelco a cursos de agua, lo que obligó al sector a encontrar, en un corto plazo, una alternativa viable para manejar grandes volúmenes de este residuo entre una zafra y otra.


La respuesta fue su aplicación en suelos agrícolas. Desde la zafra 2012, la EEAOC impulsa estudios sistemáticos para evaluar sus efectos, tanto en suelos productivos como en aquellos de menor aptitud. Este trabajo se apoya en dos ejes: investigación propia y acompañamiento técnico a los monitoreos exigidos por la autoridad ambiental provincial. “El objetivo es claro: garantizar que la funcionalidad del suelo no se vea comprometida. Si aparece algún indicio de deterioro, debe corregirse en el corto plazo”, explica Sotomayor en un artículo de la revista Avance.


En ese proceso, el enfoque fue evolucionando. Si bien inicialmente se consideraba el aporte nutricional de la vinaza —especialmente materia orgánica, potasio y nitrógeno—, con el tiempo se incorporaron evaluaciones más amplias. Actualmente, se analizan indicadores químicos, físicos y microbiológicos. En este último aspecto, los resultados contradicen antiguas percepciones: los estudios muestran mejoras en la actividad microbiana del suelo, con mayor actividad enzimática y aumentos en carbono orgánico.


La experiencia tucumana también se nutrió de antecedentes internacionales, particularmente de países como Brasil, Colombia y Costa Rica, donde el uso agrícola de vinaza tiene más de tres décadas de desarrollo. Los resultados obtenidos a nivel local coinciden con esos antecedentes, especialmente en lo referido al aporte de potasio, un nutriente clave para el cultivo de caña de azúcar.


Sin embargo, el principal desafío actual no es agronómico sino operativo. Según los técnicos, la superficie apta para aplicar vinaza en Tucumán es mayor a la que efectivamente se utiliza. Las limitaciones están vinculadas al traslado del efluente y a los volúmenes generados. Por eso, insisten en la necesidad de contar con sistemas de aplicación eficientes —como aspersores, cañones regadores o equipos autoenrollables— que aseguren una distribución homogénea y eviten acumulaciones en sectores bajos.


En cuanto a las dosis, los estudios permiten establecer parámetros concretos. Aplicaciones de entre 150 y 200 metros cúbicos por hectárea al año en suelos cañeros no generan efectos negativos sobre la calidad física, química ni biológica del suelo. Esta recomendación, subrayan desde la EEAOC, cuenta con respaldo experimental y monitoreos a campo.


El vínculo con la agroindustria también es clave en este esquema. Más del 60% de las destilerías participan en los monitoreos coordinados por la Estación Experimental, que incluyen análisis de suelos y elaboración de informes técnicos periódicos. “Nuestro rol es aportar información clara, destacar los efectos positivos y advertir a tiempo cualquier señal de riesgo”, señala Sotomayor.


Con más de una década de trabajo continuo, el modelo tucumano muestra resultados consistentes. La evidencia acumulada permite sostener que, bajo un manejo adecuado, la vinaza puede integrarse de manera sustentable a los sistemas productivos. Para la provincia, este cambio de enfoque no solo resuelve un problema ambiental histórico, sino que también abre una oportunidad para mejorar la fertilidad de los suelos cañeros.

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