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El grito sagrado del “Ogro”: Gabriel Abeldaño, el goleador que sueña con Primera

Con talento, sacrificio y goles, el delantero surgido en el barrio 11 de Marzo se consolidó como figura en la Reserva de Atlético Tucumán, donde ya firmó contrato profesional y se acerca cada vez más a cumplir su anhelo de debutar en Primera.

Por Tendencia de noticias

27 ago, 2025 08:06 p. m. Actualizado: 27 ago, 2025 08:06 p. m. AR
El grito sagrado del “Ogro”: Gabriel Abeldaño, el goleador que sueña con Primera

Desde el barrio 11 de Marzo hasta las canchas donde hoy la Reserva de Atlético Tucumán se muestra invencible, Gabriel Abeldaño construye una historia que combina sacrificio, talento y un sueño que late fuerte: llegar al primer equipo. Con apenas 19 años, este delantero, conocido como “El Ogro”, se ha convertido en uno de los goleadores del torneo y en una pieza clave de un equipo que enamora a los hinchas por su estilo de juego: ofensivo, dinámico y arrollador.


Soy delantero, entreno mucho para ser un buen delantero,mi característica es meter goles y me estar ahí dentro del área. Hoy en día soy luchador, más físico, más dinámico”, dice Abeldaño con la naturalidad de quien se sabe protagonista pero no se olvida de que el fútbol es un trabajo colectivo. La frase, tan espontánea como contundente, lo define: un atacante que combina potencia con entrega.

Su recorrido no empezó ayer. Desde pequeño pateó un balón en Amalia, luego pasó por Tucumán Central y a los 14 años su vida dio un giro: “Me fui a Buenos Aires y estuve cinco años. En Argentinos Juniors viví experiencias lindas y también duras, pero aprendí mucho. Si no fuera por eso, no sería la persona que soy hoy”, recuerda con madurez. Cada paso, cada club, cada obstáculo, lo moldearon hasta convertirlo en el jugador que hoy brilla en la reserva “Decana”.


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Y no es casualidad que Atlético Tucumán esté en lo más alto, con un entrenador que, además de ser muy táctico, trata de introducir el sentido de pertenencia a sus dirigidos. “Hugo (Colace le pide al equipo: humildad, sacrificio, unión del grupo y sobre todo actitud. Estamos bien gracias al cuerpo técnico y a las ganas que le ponemos todos los chicos en cada entrenamiento”, resalta. Palabras que reflejan el secreto de un plantel que no solo gana, sino que convence. Para Abeldaño, el éxito colectivo siempre va de la mano con lo individual: “Si hoy me toca ser goleador es gracias al sacrificio de cada uno. Esta reserva quiere ganar, quiere ganar y seguir ganando, porque para eso estamos preparados y lo seguimos preparando”.



Un sueño compartido: llegar a Primera

En el horizonte, el sueño aparece claro, innegociable, inevitable: debutar en Primera. “El sueño que tengo, a largo o corto plazo, es llegar a Primera, poder cumplirlo tanto por mí como por mi papá”, confiesa con emoción. Ese anhelo es la brújula que guía sus pasos y que lo empuja a dejar todo en cada entrenamiento y en cada partido.


Ese objetivo, que parecía lejano hace unos años, hoy está más cerca que nunca: Abeldaño ya firmó su contrato profesional con Atlético Tucumán, un paso fundamental que confirma la confianza del club en su talento y que lo coloca a las puertas de cumplir su mayor deseo.


Su referente no está tan lejos: “Hoy en día, el jugador en el que me fijo mucho es Maravilla Martínez. Me gusta mucho, me identifico con él, por ser metedor y luchador”, reconoce. Un espejo en el que se mira y del cual toma virtudes que, según él, lo representan dentro de la cancha.


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El “Ogro”, un apodo que marca identidad

¿Y los apodos? El barrio, siempre presente, lo bautizó con cariño: “Me han puesto varios, pero me quedó ‘El Ogro’, me gusta, entra bien ese apodo. Los chicos del barrio me dicen Centurión, pero me voy a quedar con el Ogro”. La risa se escapa cuando lo dice, porque sabe que en el fútbol los apodos no son solo un adorno: son una marca de identidad, un sello que lo acompaña.


Gabriel Abeldaño es mucho más que un delantero con goles. Es el símbolo de una generación que irrumpe con hambre y convicción en la Reserva de Atlético Tucumán. El barrio lo forjó, el sacrificio lo sostuvo, y el fútbol lo abraza hoy como uno de sus hijos más prometedores. Mientras tanto, él sigue esperando su momento, con un mensaje que no se desgasta: trabajo, humildad y sueños. Y cuando ese debut llegue, el grito sagrado del “Ogro” ya estará listo para hacerse escuchar en el Monumental José Fierro.


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