
“Dibujaba y pintaba muy bien y era una escritora cuentista vocacional de muy buen estilo”. De esta manera definió Rosa Racedo a su hija Paulina Lebbos en 2006, a pocos meses del hallazgo de su cuerpo. La mujer, que ya estaba postrada en cama por una grave enfermedad, murió poco después de lograr declarar en la causa del homicidio de su hija: “Soto es el asesino”, dijo sin dudar.
Su declaración fue leída este lunes en la última jornada de testimonios del juicio que busca determinar si fue César Soto, el novio de Paulina, quien la mató. Racedo dijo que su hija “vivió sus últimos años para defenderse de un primate, un mamífero plantígrado de cinco dedos con un atisbo de desarrollo neurológico por sus condiciones innatas y los efectos de la droga”.

Violencia repetida
El 28 de julio de 2006, a tres meses y medio de la aparición del cadáver de su hija, Racedo declaró en sede judicial. En la extensa entrevista, refirió una y otra vez episodios de violencia que, asegura, sufría su hija. Para ella no existían dudas sobre la culpabilidad de Soto: “la amenazaba permanentemente con matarla a ella y a su hijita”, testificó.
La mujer dijo que Soto ya había intentado matar a Paulina a principios de 2005 “con el mismo modus operandi con el que logra finalmente quitarle la vida: el estrangulamiento. La crueldad de quebrar la tráquea de su víctima y ahogarla en su propia sangre es de un cobarde”.
“Ataca la vulnerabilidad de mi hija, quien era asmática y estaba atravesando una fuerte crisis a causa de la contaminación ambiental, como la padecían todos los enfermos respiratorios en ese momento. Buscó el camino más fácil para disfrutar de su propia crueldad. Unos tres años atrás ya había cometido una bajeza en relación al problema de salud de Paulina. En ocasión de que ella con la nena visitaran a los padres de Soto, mi hija transitaba una crisis y debía nebulizarse con cierta periodicidad. Portaba en la mochila su nebulizador ultrasónico, el que fue sustraído por Soto sin compasión para luego ser reducido a unos pesos que le permitieran drogarse”, dijo Racedo.
Últimos días
Rosa Racedo, quien era confidente de su hija, relató en su declaración cómo fue la última semana de su vida. “El jueves 23 de febrero de 2006, Paulina se encontraba estudiando con Virginia Mercado en su departamento, preparando el examen que darían el sábado 25 y decidieron tomarse un par de horas de descanso. Se dirigieron hacia la zona del ex mercado de abasto, a comer algo, charlar y escuchar música para luego retomar el estudio”, comenzó.
“Se ubicaron en la mesa de un bar y, según los dichos de Paulina, que Virginia confirma con sus declaraciones, se le acercaron dos individuos jóvenes y con aspecto de matones a los que ninguna de ellas identificaba y, dirigiéndose a Paulina, la increpan en duros términos; preguntándole si le había pedido permiso Soto para estar allí y amenazándola con duros improperios sobre las consecuencias que sufriría por ello, luego de lo cual se retira”, continuó relatando.
Racedo explicó que, tras ello, su hija volvió a casa y recibió un llamado de Soto al teléfono fijo, puesto que no atendía el celular. “Paulina explica que tenía apagado su celular para no ser interrumpida y allí comienza una violenta discusión, en la que mi hija le recrimina duramente, a lo que él aparentemente respondía con agresiones e insultos. Mi hija, fuera de sí, comenzó a contestarle a viva voz, indicándole que deje de perseguirla, de indisponerla y de avergonzarla, porque ella era libre para tomar sus propias decisiones” relató la madre de la víctima.
“Le pido que corte y que venga a mi habitación a darme una explicación. Paulina se apersona y me narra la persecución y agresión de que había sido víctima por estos dos desconocidos, emisarios de Soto, razón por la cual lo increpaba. Yo le insisto en que se aleje definitivamente de este sujeto y que lo hiciera también con la nena, mi nieta, porque ambas corrían peligro, ya que se trataba de un psicópata, capaz de dañarla seriamente, a lo que me responde que eso haría y que yo tenía razón”, indicó.
Otras voces
Las palabras de la madre de Paulina Lebbos no fueron las únicas que se leyeron en la audiencia del lunes. También se incorporaron las declaraciones de Marisa Lebbos, hermana mayor de la víctima, fallecida el año pasado. La mujer prestó testimonio antes y después del hallazgo del cuerpo. Su relato también definió a Soto como un hombre violento.

“Hace como tres años (en 2003), en un cumpleaños de Paulina, vamos a la casa de él, pero al final la fiesta no se hace y nos vamos a un bar como a las 4:30 de la mañana. Se arma una pelea en la que estaba involucrado Soto y le digo que era un desubicado. Le saco la chiquita (en referencia a la hija de Paulina y Soto, entonces de dos años) y me agarra a los empujones y me insulta. Ahí corto toda relación con él”, explicó.
“El último jueves, antes de que desaparezca Paulina, va a la casa de Virginia a estudiar. El viernes vuelve a mi casa, siento que el mediodía hablaba por teléfono y gritaba y mi mamá le dice que corte. Ella corta y le cuenta que la noche anterior había salido a un bar con Virginia y otras chicas y (alguien) le había contado a César, que la amenazaba por teléfono celular”, dijo.
Etapa final
De esa manera concluyó el período de testimonios en el juicio y se incorporaron tanto los que se produjeron de manera presencial como los que se realizaron vía remota por zoom, además de los de personas fallecidas, que se incorporaron por lectura a través de secretaría.
Así, en la jornada del martes comenzará a incorporarse la prueba documental y, finalmente, la semana que viene podrían comenzar los alegatos finales. Se cree que la fiscalía sostendrá las acusaciones contra Soto, por homicidio y Kaleñuk por encubrimiento.
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