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La confirmación llegó en octubre y la emoción aún perdura. Después de una inscripción en secreto y sin muchas expectativas, de llenar extensos formularios y atravesar evaluaciones, Julieta Jiménez lo logró y el próximo martes será voluntaria durante la visita del Papa León XIV en Córdoba.
El primero en enterarse de la buena nueva fue su papá. Él es evangélico, pero esa diferencia en las creencias nunca fue un obstáculo en el vínculo, por el contrario, avivó una discusión enriquecedora y comprensiva entre ambos. Luego la noticia llegó al resto de la familia: su mamá, sus seis hermanos y su pareja.
Julieta tiene 24 años, es tucumana y viajará a Córdoba para integrar el voluntariado que acompañará las actividades de León XIV. Saldrá el sábado 7 de noviembre por la noche y llegará el domingo. Lleva la expectativa de participar de un acontecimiento que todavía le cuesta explicar sin emocionarse. “Que uno lo pueda vivir de tan cerca genera esta emoción y esta expectativa tan grande”, cuenta en diálogo con Tendencia de Noticias.
En Córdoba, el encuentro tiene fecha para el martes 10 de noviembre. La agenda difundida por el Arzobispado prevé la llegada del pontífice a las 9 y la misa central a las 10, en el predio de FADEA, donde también recorrerá el lugar en papamóvil para saludar a los fieles. Luego continuará sus actividades en el centro de la ciudad. En medio de esa movilización, Julieta tendrá una responsabilidad concreta: su grupo fue asignado al área de recorridos. Cree que esa tarea podría permitirle estar cerca del Papa cuando pase, aunque todavía habla de esa posibilidad con cautela.
Julieta tiene experiencia
“Yo quiero estar ahí”, se dijo cuando se enteró de la convocatoria para el voluntariado. Lo que la impulsó fue el servicio, una palabra que aparece una y otra vez en su relato y que, en su caso, tiene una historia larga.

Julieta creció en las Exploradoras de María Auxiliadora y hoy es jefa de la escuadra número 8 de Tucumán, una comunidad de entre 70 y 80 chicas. Los sábados por la tarde se reúnen en el Colegio María Auxiliadora: comparten catequesis, talleres, actividades de supervivencia y una merienda; algunas jornadas terminan en misa. Allí aprendió a acompañar y allí encontró una responsabilidad que ahora busca llevar a Córdoba.
Por eso, cuando piensa en el regreso, ya imagina lo que querrá contarles. Está en el segundo año de una función para la que fue elegida por tres y siente que esta experiencia también puede enriquecer a las coordinadoras y a las más chicas. Quiere transmitir lo vivido y renovar las ganas de sostener esos lugares de encuentro.
Mientras se prepara para una de las experiencias más trascendentales de su vida como católica, Julieta continúa con sus obligaciones habituales. Cursa la Licenciatura en Ciencias de la Educación en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT, trabaja en el negocio de una tía y hace danzas. A veces, las expectativas ganan la pulseada, por eso se refugia en la oración cada mañana. "Quiero estar tranquila, sé que la emoción me va a invadir", reconoce.
Cuando imagina al papamóvil acercándose, Julieta piensa que pondrá en oración todo lo trabajado durante este tiempo. También pensará en el país, la comunidad y una sociedad cuyas dificultades no le resultan ajenas. “Uno poniendo su granito de arena puede ayudar muchísimo”, dice. Suena convencida de que el destino le guardó un lugar en la historia y no lo piensa desaprovechar.