
Foto: Archivo.-
Un homicidio por omisión. Una madre que, en lugar de salvar la vida a su hija de siete años, dejó que se ahogara en el río y se fue a un baile de carnaval. Esa es la hipótesis que llevará a juicio la familia de Kiara Caro, con la que buscará la pena máxima para su mamá: prisión perpetua.
El lunes a las 8 comenzará el debate oral por la muerte de la pequeña, cuyo cuerpo fue hallado a la orilla del río Lules el 2 de marzo del año pasado. Desde ese día, la acusada, Daniela Fernanda Ávila, guardó silencio. Sin embargo, lo que dijo antes del hallazgo del cuerpo es lo que podría condenarla a pasar el resto de su vida tras las rejas.

Una niña en el carnaval
Ávila tenía 25 años y una hija de siete, Kiara. A principios de marzo del año pasado, los corsos de Lules estallaban de gente y Ávila decidió ir el sábado 1. Separada del papá de la niña, había formado pareja con Matías Sebastián Paz, que también estaba en el baile.
Según se logró reconstruir con la declaración de testigos, la mujer decidió ir al baile con la pequeña, para encontrarse con su pareja. Allí, bebió gran cantidad de alcohol y discutió con Paz, que se retiró del lugar. Ávila, entonces, decidió ir tras él, pero no consiguió remis.
Entonces, optó por cruzar el río Lules. Los vecinos aseguraron no poder creer que la mujer tomara esa decisión, porque el cauce estaba crecido. Sin embargo, testigos la vieron irse caminando hacia el lugar, tambaleando, presuntamente, por la cantidad de alcohol que había bebido. Eran cerca de las 2 de la mañana.
Luego, volvió al baile, pero ya sin la niña. Dijo que no sabía dónde estaba. Ávila estaba mojada y llena de barro. Consiguió transporte y volvió a su casa, donde cerca de las 3.30 le avisó a su madre que había perdido a Kiara, pero que no recordaba qué pasó. La familia salió a buscarla, pero sin muchas pistas.
Ávila llegó a la comisaría a las 5 de la mañana y dio una versión falsa de los hechos. Dijo que la pequeña se había caído del llamado Puente Blanco, por lo que los policías comenzaron a buscarla desde ese punto hacia “abajo”, es decir, siguiendo la corriente del río. La declaración resultó ser falsa y unos niños encontraron el cuerpo de la pequeña río arriba. Ávila quedó detenida.

Barro en el cuerpo
La autopsia reveló que Kiara tenía golpes en la cabeza: hematomas en la región frontal y lesiones en el cuero cabelludo de reciente data. La niña sufrió golpes en la región superciliar, así como en las áreas temporal y parietal izquierda. Los traumatismos eran vitales, es decir, los recibió antes de morir.
También se encontró barro en sus vías respiratorias superiores. “Es decir que estuvo agonizando por un periodo largo, porque para que se llenen las vías de barro es porque hay un tiempo prolongado”, asegura Marilina Olimecha González, abogada querellante en la causa en representación de la niña, por la familia paterna.
“Kiara estaba semi desvanecida cuando tragó todo ese barrio, o sea que, si su mamá la hubiera levantado, estaría viva”, considera la profesional. “O si hubiera pedido ayuda, ella toma un taxi y no le pide auxilio al chofer. La remisería queda a siete metros de la comisaría, es decir, a la par; y ella elige volver al corso y sigue tomando alcohol con otras personas”, analiza la letrada.

Culpable, pero ¿de qué?
El lunes a las 8, el juicio se abrirá por el delito de abandono seguido de muerte. La Unidad Fiscal de Homicidios I a cargo de Pedro Gallo sostiene que “la acusada atravesó el río dejando a la niña en medio del cauce, sin prestarle auxilio ni requerir ayuda inmediata, a sabiendas de que la menor no podía valerse por sí misma. Como consecuencia, la niña sufrió golpes en distintas zonas de la cabeza e ingresó barro en la vía aérea superior, lo que le provocó la muerte por asfixia por sumersión”.
No es una acusación menor: el delito puede llevar una pena de hasta 20 años de prisión. Nuestra legislación establece que comete el delito de abandono quien abandona a su suerte a otro a quien tenía la obligación de proteger o a la que él mismo haya incapacitado. La pena se agrava cuando el resultado es la muerte y llega hasta los 20 años si es cometido por los padres contra su hijo.
Desde la muerte de Kiara, Ávila permanece privada de la libertad. Nunca prestó declaración pero su defensa intentó, antes del juicio, que la mujer quede acusada por un delito con una pena menor: homicidio culposo. Es decir, buscaban declarar una suerte de accidente, en el que la responsabilidad de la mujer fuera menor y de esa manera acceder a una pena máxima de seis años de prisión. Es probable que la estrategia de la defensa, el lunes, retome esa vía.
“Vamos por la perpetua”
Sin embargo, Olimecha González está convencida de que la muerte de la niña no fue accidental. Con la asistencia de Francisco Villafañe, pedirá el cambio de calificación del delito que pesa sobre Ávila. “Este es un homicidio agravado por el vínculo”, asegura desde la querella.

“Las personas pueden cometer homicidio por acción o por omisión. Por ejemplo, si una madre deja de alimentar a su bebé, el resultado será la muerte. Nosotros sostenemos que, en este caso, dejar abandonada a una niña que acaba de sufrir un golpe en la cabeza, en un río crecido no podía terminar de otra manera”, puntualiza.
“Pero, además, en este caso fue ella la que puso en ese riesgo a Kiara y además, era ella quien tenía la obligación de protección. Es una obligación legal de toda madre o padre hacia su hijo y viceversa”, explica.
“Ella la lleva en estado de alcoholismo, porque todos los testigos dicen que ya estaba alcoholizada, la niña se golpea y se cae. Lo digo porque hay un gran golpe en la cabeza. Ávila deja a su propia hija en agonía: no la mata, la deja en agonía. Ella prosigue su trayecto y la niña muere ahogada. Pero no se ahoga con agua, sino con barro”, agrega.
“Lo peor de esta situación es que ella trató de procurar su impunidad y, de esa manera, impidió que se la busque. Ella, de forma cruel, dice que la chiquita se le cayó del Puente Blanco. Obstaculiza la búsqueda de la menor. Por esa mentira de ella, la Policía sale a buscarla en la dirección contraria. Ellos buscaban del puente blanco hacia abajo, no hacia arriba, porque el Puente Negro está más arriba. O sea, ellos no buscaban río arriba”, reclama Olimecha González
El debate
Quienes tendrán la última palabra serán los jueces Cynthia Lorena Rocha, Criss Rosa Luz Correa y Alejandro David Abdala. Escucharán a los testigos de esa oscura noche de carnaval en Lules y podrán reconstruir también cómo era la relación entre madre e hija, gracias a los aportes de ambas familias.
La familia de Ávila siempre consideró que todo se trató de una tragedia, producto de un error que cometió la joven. “Yo la perdono”, había dicho su papá a la prensa tras el hecho y aclaró que la pequeña no era golpeada ni maltratada. “Siempre la dejaba en casa para ir a los bailes, pero esa noche la chiquita le pidió que la lleve”, comentó.“Ella sí es culpable de haber cometido ese error, de tomar y llevarla. Pero no la mató”, sostuvo.

Los familiares paternos, en cambio, entienden que lo que Ávila hizo excedió un simple error. Para ellos, el poner a la niña en riesgo llevándola por un río crecido, estando la madre en estado de ebriedad, a la madrugada y haberla abandonado allí para luego, en lugar de pedir auxilio, volver al corso, constituyen hechos graves. Por ello, su reclamo será la prisión perpetua.