
En el marco de la conmemoración del 115° Día Internacional de la Mujer, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) presentó un dosier estadístico que revela una transformación significativa en la estructura social de Argentina: en 2025, el 47,2% de los hogares del país cuentan con jefatura femenina. Este fenómeno es aún más acentuado en los hogares monoparentales (nucleares incompletos), donde más de 8 de cada 10 (83,0%) están a cargo de una mujer. La idea central del documento refleja una paradoja estructural: si bien las mujeres han logrado una "vejez feminizada" producto de una mayor esperanza de vida (80,23 años frente a 74,37 de los varones) y presentan niveles de instrucción superiores, aún enfrentan barreras críticas para alcanzar la autonomía económica plena. Estos datos se dan en un contexto de caída en las tasas de fecundidad, donde el promedio de hijos por mujer se situó en 1,4 en 2022, un valor significativamente menor al registrado en décadas pasadas.

El perfil educativo muestra que las mujeres presentan un mejor desempeño en términos de escolarización y permanencia. Según el documento, al que tuvo acceso Tendencia de Noticias, “las mujeres presentan mayores niveles de escolarización que los varones, con mejor desempeño en los índices de asistencia, permanencia y graduación”. Por ejemplo, en el segmento de 18 a 24 años, el 49,1% de las mujeres permanece en el sistema educativo formal, frente al 43,4% de sus pares varones.
Esta ventaja se traslada al nivel superior: en 2023, casi el 60% de los nuevos inscriptos en carreras de grado eran mujeres, y el porcentaje de egresadas ascendió al 64%. No obstante, persiste una segregación por ramas de estudio. Mientras que en Ciencias de la Salud 76 de cada 100 estudiantes son mujeres, en Ciencias Aplicadas este número desciende a 41 de cada 100, aunque se registró un leve crecimiento de 4,4 puntos porcentuales en esta última área entre 2018 y 2023.

A pesar de que el 35,7% de las mujeres accede al nivel superior o universitario (frente al 27,7% de los varones), el mercado de trabajo no refleja esta paridad. El documento advierte que “a pesar de contar con niveles educativos más altos, las mujeres enfrentan mayores desafíos para acceder y permanecer en el mercado laboral”, presentando menores tasas de empleo y mayores tasas de desocupación y subocupación. De hecho, la tasa de subocupación horaria femenina es 4,9 puntos porcentuales superior a la de los varones.

La precariedad laboral es otro factor determinante. Mientras que el 22,7% de los puestos de trabajo ocupados por varones son no registrados, el valor sube al 27,2% entre las mujeres. Esta informalidad impacta directamente en los ingresos: “por cada 100 pesos que cobra un varón en un puesto de trabajo asalariado no registrado, una mujer cobra 56 pesos”. Incluso en el sector registrado, la brecha es notable con el avance de la edad; en 2024, “por cada 100 pesos que ganaba un varón de 50 años o más, una mujer de la misma edad ganaba 68 pesos”. Asimismo, los puestos de decisión siguen siendo esquivos, ya que solo el 4,6% de las mujeres trabajadoras ocupan cargos de dirección o jefatura.

La vulnerabilidad económica condiciona las estrategias que despliegan los hogares. En aquellos con presencia de niños, niñas y adolescentes (NNyA) y jefatura femenina, la percepción de transferencias estatales y el pedido de préstamos a familiares (21,9%) son complementos fundamentales ante la insuficiencia de ingresos laborales.

La situación de precariedad durante la vida activa se traslada finalmente a la etapa de retiro: “las mujeres acceden a la cobertura previsional principalmente a través de moratorias”, representando el 79,8% de las jubilaciones femeninas del SIPA en diciembre de 2025, frente a solo el 49,3% en los varones. Estos indicadores, según el INDEC, demuestran cómo la informalidad y las menores remuneraciones promedio condicionan irreversiblemente la etapa de retiro y las estrategias de subsistencia de las mujeres.