
La crisis de las conductas de riesgo en la provincia dejó de ser un problema exclusivo de la juventud para convertirse en un fenómeno transgeneracional que requiere una intervención sistémica. Bajo esta premisa, el sistema de salud provincial pone el foco en cómo la falta de diálogo familiar y la imitación de hábitos adultos están empujando a los menores hacia consumos problemáticos, retos virales letales y una dependencia tecnológica que comienza en el propio hogar.
La problemática del consumo de sustancias en adolescentes tiene un componente alarmante y silencioso: la normalización de los fármacos. El doctor Juan Zelaya Conti (foto inferior), director de la Dirección de Abordaje Integral de las Adicciones, señala que el entorno doméstico es el espejo donde se reflejan estas conductas.
“El adolescente aprende por imitación. Si ve que ante cualquier malestar los adultos recurren a medicamentos, va a repetir esa conducta”, afirmó el especialista.

Esta cultura de la automedicación, profundamente arraigada en la sociedad, se entrelaza hoy con fenómenos digitales extremos. Zelaya Conti alertó sobre los desafíos virales que circulan en redes sociales, donde se incita a los jóvenes a realizar prácticas de asfixia o a ingerir dosis peligrosas de fármacos. “Esto es gravísimo y se suma a una cultura de automedicación muy instalada”, advirtió, vinculando directamente el hábito adulto con el riesgo de muerte en los hijos.
Aunque la atención suele centrarse en las escuelas, el diagnóstico médico es claro: los trastornos de conducta no discriminan fechas de nacimiento. “El error es enfocarse solo en los jóvenes, cuando en realidad estos trastornos atraviesan a todas las edades, desde niños hasta adultos mayores”, explicó el doctor.
El abanico de adicciones modernas se expandió. Ya no se trata solo de sustancias químicas; el uso compulsivo del celular, la dependencia a los videojuegos y el preocupante auge de las apuestas online forman parte de la nueva agenda de salud pública que afecta tanto a chicos como a grandes.
El duelo de crecer y la soledad digital
Para Zelaya Conti, la adolescencia debe entenderse como un proceso de transformación profunda que genera vulnerabilidad. “La adolescencia es un duelo, se deja la infancia para entrar en la adultez. Por eso el acompañamiento familiar es fundamental”, sostuvo, subrayando que la ausencia de los padres es llenada por la tecnología.
La falta de espacios de conexión real está provocando un aislamiento peligroso. El especialista instó a recuperar gestos simples pero potentes, como sentarse a la mesa sin pantallas. “Hoy muchos jóvenes se sienten solos y buscan respuestas en sus pares o en la tecnología”, detalló, al remarcar la importancia de interesarse genuinamente por sus vínculos y preocupaciones diarias.
El sistema educativo no queda fuera de esta red de contención. Se destacó el papel del docente no solo como educador, sino como un referente de valores y un dique de contención frente al uso prematuro de pantallas.
Finalmente, el director de la Dirección de Abordaje Integral de las Adicciones enumeró las señales de alerta que las familias no deben ignorar:
Aislamiento social y pérdida de vínculos amistosos.
Abandono de actividades o hobbies que antes generaban placer.
Alteraciones notorias en los patrones de sueño.
Cambios repentinos en la alimentación.
“Cuando el joven se aísla es momento de pedir ayuda”, concluyó Zelaya Conti, reafirmando que la detección precoz es la única herramienta eficaz para garantizar el bienestar integral.