
La calidad de la semilla de garbanzo destinada a la siembra del ciclo agrícola 2026 mostró una mejora respecto del año anterior, aunque los técnicos advierten que continúan las dificultades para producir materiales de alta calidad en el NOA. Así surge de un informe elaborado por el Laboratorio de Semillas de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC), que analizó 92 muestras provenientes de la campaña 2025 en Tucumán y zonas de influencia.
El estudio determinó que el poder germinativo promedio alcanzó el 80%, siete puntos porcentuales por encima del valor registrado en la campaña anterior y superior al promedio de las últimas diez campañas. Sin embargo, desde la EEAOC remarcaron que este nivel aún puede considerarse intermedio para un cultivo que históricamente presenta dificultades para obtener y conservar semillas de elevada calidad fisiológica.
Los técnicos también detectaron una disminución del 19% en la cantidad de muestras analizadas respecto de la campaña previa. Esta caída acompaña la reducción de la superficie sembrada registrada en las últimas campañas y refleja el complejo escenario productivo que atraviesa el cultivo, condicionado por factores económicos y por los bajos precios del grano.
Otro aspecto que preocupa es que el 63% de las muestras ingresó al laboratorio entre marzo y abril, es decir, muy cerca de la fecha de implantación. Según el reporte, esta situación evidencia que muchos productores continúan evaluando la calidad de la semilla poco antes de la siembra y no durante el período de almacenamiento, lo que puede limitar la posibilidad de reemplazar lotes deficientes y aumentar el riesgo de pérdidas económicas.
En cuanto a las variedades utilizadas, el cultivar Norteño volvió a ser el predominante, con el 61% de participación entre las muestras identificadas. Le siguieron Felipe UNC-INTA, con el 32%, y Kiara UNC-INTA, con el 7%. Además, Felipe UNC-INTA mostró el mejor comportamiento en términos de poder germinativo, alcanzando un promedio del 90%, mientras que Kiara UNC-INTA se destacó por presentar el mayor peso de mil semillas.
El relevamiento también evaluó, por sexto año consecutivo, los daños ocasionados por el complejo de chinches. Aunque todas las muestras presentaron síntomas compatibles con picaduras, el porcentaje promedio de semillas afectadas fue del 16%, lo que representa una reducción de 13 puntos porcentuales respecto de la campaña 2024. El cultivar Felipe UNC-INTA registró el menor nivel de daño entre los materiales analizados.
Los resultados muestran que, pese a las dificultades que enfrenta el cultivo en la región, existen lotes capaces de alcanzar altos niveles de calidad cuando las condiciones de producción, cosecha y almacenamiento son favorables. En este contexto, el monitoreo permanente de la semilla aparece como una herramienta fundamental para sostener la competitividad del garbanzo en el NOA.