
La campaña 2025/26 dejó un balance ampliamente positivo para la soja en Tucumán y el NOA, con rendimientos que superaron los registrados en el ciclo anterior y se ubicaron por encima del promedio de la última década. Sin embargo, el buen desempeño productivo convivió con una fuerte presión de enfermedades, la persistencia de plagas y malezas difíciles de controlar, además de problemas estructurales de fertilidad que continúan condicionando el potencial de los lotes. Ese es el principal diagnóstico del Reporte Agroindustrial Nº 374 elaborado por la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC).
El trabajo se basó en la Encuesta de Soja EEAOC (ESE 2026), realizada entre productores y asesores mediante un cuestionario distribuido por WhatsApp. El relevamiento reunió información de 142.610 hectáreas sembradas con soja en Tucumán y su zona de influencia, que comprende el oeste de Santiago del Estero, el sudeste de Catamarca y el sur de Salta. Del total, 51.863 hectáreas corresponden a Tucumán.
Los resultados muestran que el rendimiento promedio simple en Tucumán alcanzó las 3,22 toneladas por hectárea, mientras que al considerar toda el área relevada ascendió a 3,56 toneladas por hectárea. El oeste de Santiago del Estero obtuvo los mejores registros, y dentro de Tucumán el departamento Burruyacu lideró los rindes, mientras que Graneros presentó los valores más bajos. En comparación con la campaña 2024/25, la producción mejoró un 16% en promedio simple y un 27% en promedio ponderado.
En cuanto al manejo del cultivo, el evento biotecnológico IPRO continuó siendo el más utilizado, aunque perdió participación frente al crecimiento de Conkesta. También predominó el grupo de madurez VI y las siembras realizadas durante la segunda quincena de diciembre, una ventana que concentró más de la mitad de la superficie sembrada.
El informe también pone el foco en la sanidad del cultivo. La presencia de enfermedades fue elevada en todas las zonas relevadas, situación que llevó a incrementar el número de aplicaciones de fungicidas respecto de la campaña anterior. A esto se suma la persistencia del picudo negro como principal plaga, especialmente en Tucumán y el oeste santiagueño, mientras que las malezas Borreria y distintas especies de Amaranthus continúan encabezando la lista de las más problemáticas para los productores.
Otro de los aspectos destacados por la EEAOC es la fertilidad de los suelos. Aunque la campaña logró altos niveles de producción, una proporción importante de los lotes presentó bajos contenidos de materia orgánica y fósforo, una limitante que, según el estudio, requiere mejorar tanto el diagnóstico como la reposición de nutrientes para sostener la productividad en el tiempo.
En materia tecnológica, el relevamiento mostró que la inoculación ya forma parte del manejo habitual del cultivo, con un nivel de adopción del 98%. En paralelo, el uso de drones comienza a expandirse, aunque todavía de manera desigual: el 37% de los encuestados afirmó utilizarlos, principalmente para aplicaciones de herbicidas, mientras que el resto aún no incorpora esta herramienta.
Para la EEAOC, estos datos reflejan una agricultura que avanza hacia una mayor incorporación de tecnologías, aunque todavía enfrenta importantes desafíos para consolidar su sostenibilidad y eficiencia productiva.