
El mapa de la libertad de expresión en Argentina sumó en 2025 un dato alarmante: 278 ataques contra periodistas, la cifra más alta desde que el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) inició su Monitoreo en 2008. El informe, titulado “El periodismo en riesgo de silencio”, evidencia un incremento del 55% respecto de 2024, cuando se habían registrado 179 casos.
El relevamiento vuelve a ubicar al poder político como el principal foco de agresiones. En ese contexto, el presidente Javier Milei aparece mencionado como autor en 119 episodios, encabezando por segundo año consecutivo el listado.
Presentado en la antesala del Día Mundial de la Libertad de Prensa (3 de mayo), el estudio advierte sobre el peso creciente de la violencia de origen estatal o paraestatal. El informe incluye acciones de funcionarios, intervenciones de fuerzas de seguridad y ataques amplificados desde entornos digitales vinculados al oficialismo. Desde el inicio de la actual gestión nacional, los episodios aumentaron un 137,6%.
La exposición se realizó en el auditorio de la Universidad de Palermo, en la Ciudad de Buenos Aires, donde autoridades del Foro y del Monitoreo alertaron sobre el deterioro de las condiciones para ejercer el periodismo y sus consecuencias institucionales.
El presidente de FOPEA, Fernando Stanich, apuntó como ejemplo al cierre de la sala de prensa de la Casa Rosada. “Se está restringiendo el derecho de la ciudadanía a informarse y se vulneran principios constitucionales. La presencia del periodismo es insustituible”, sostuvo. También advirtió sobre lo que definió como una estrategia de estigmatización: “No corresponde una sanción colectiva frente a eventuales errores. El Gobierno es el único responsable de garantizar la libertad de expresión”.
Por su parte, el vicepresidente Claudio Jacquelin señaló que la situación argentina genera creciente atención internacional. Mencionó gestiones ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la posibilidad de una visita oficial al país.
La coordinadora de la Comisión de Libertad de Expresión, Alicia Miller, detalló que la Ciudad de Buenos Aires concentró 186 casos, seguida por la provincia de Buenos Aires (23). Luego aparecen Tucumán (8), Córdoba (7), San Luis (6) y San Juan (6).
Entre las tipologías más frecuentes se destacan los discursos estigmatizantes, que representaron 139 hechos. Se trata de expresiones agraviantes o intimidatorias difundidas en redes sociales, medios afines o declaraciones públicas. A esto se suman 58 ataques a la integridad -incluidas 9 agresiones físicas-, además de amenazas, espionaje, persecuciones y casos de violencia sexual.
El capítulo judicial también muestra un salto significativo: durante 2025 se registraron 20 demandas contra periodistas y 9 amenazas de acciones legales, cifras inusuales desde el retorno democrático.
En paralelo, el informe contabiliza 28 restricciones al acceso a la información, 10 episodios de censura, 4 ataques a bienes de medios o trabajadores de prensa y 4 abusos del poder estatal, como detenciones indebidas.

Miller advirtió además sobre subregistros en áreas sensibles. “Los abusos vinculados a la publicidad oficial o la censura interna son difíciles de documentar porque ocurren en ámbitos privados y rara vez se denuncian”, explicó.
El episodio más crítico del año fue el ataque contra el fotoperiodista Pablo Grillo, quien resultó gravemente herido tras el impacto de una granada de gas lacrimógeno.
El informe incluye además el anexo “El insulto como estrategia”, una investigación liderada por Sandra Crucianelli, que analizó 113.000 publicaciones en la red X del Presidente. El trabajo forma parte del programa Data Journalism Visualizations Bootcamp.
El cierre de la jornada incluyó una entrevista de Paula Moreno, secretaria de FOPEA, a los periodistas Mónica Gutiérrez y Ernesto Tenembaum. Ambos coincidieron en que existe una estrategia sistemática de confrontación con la prensa.
“Los gobiernos no quieren a la prensa, pero esto tiene otra escala”, afirmó Gutiérrez. Tenembaum, en tanto, subrayó el impacto de los datos: “Las 20 demandas marcan una escalada. A eso se suman gestos como el cierre de la sala de prensa o amenazas a periodistas, que agravan el escenario”.