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Los industriales argentinos estamos acostumbrados a superar dificultades. Lo hacemos desde hace décadas, produciendo, invirtiendo y sosteniendo el empleo aun en los contextos más complejos. Pero hay momentos en los que resulta imposible permanecer en silencio.
Cada vez se hace más difícil producir en la Argentina. Trabajamos con tasas de interés impagables que asfixian cualquier posibilidad de inversión. Soportamos una presión tributaria que parece no tener límites: impuestos nacionales, provinciales y municipales que, en muchos casos, terminan superponiéndose y castigando al mismo contribuyente dos veces. Así es muy difícil competir, especialmente para quienes producimos desde el interior del país.
A pesar de todo, seguimos apostando. Abrimos las fábricas cada mañana, sostenemos miles de puestos de trabajo y asumimos riesgos que muchas veces pasan inadvertidos. No pedimos privilegios. Solo reclamamos condiciones para producir y crecer.
Por eso duelen las palabras del ministro de Economía cuando califica de "tarados" a quienes defendemos la industria. No es un agravio dirigido a un dirigente o a una institución. Es una descalificación hacia miles de empresarios, trabajadores y pymes que todos los días hacen un enorme esfuerzo para mantener en marcha el aparato productivo argentino.
No hace mucho tiempo se reconocía a quienes producíamos como protagonistas de la recuperación del país. Hoy pareciera que pasamos de ser héroes a ser "tarados". Ese cambio de mirada preocupa, porque ningún proyecto de desarrollo puede construirse despreciando a quienes invierten, generan empleo y agregan valor.
La Argentina necesita diálogo, respeto y políticas que mejoren la competitividad.
Necesita menos descalificaciones y más reconocimiento hacia quienes siguen creyendo en el país aun cuando el contexto se vuelve cada vez más adverso.
Porque si quienes impulsamos este barco seguimos remando con semejante carga y, además, somos objeto de agravios, difícilmente lleguemos todos a buen puerto.
Los industriales no somos un problema para la Argentina. Somos parte de la solución.
Y seguiremos demostrando, con trabajo y no con agravios, que el desarrollo del país solo será posible si quienes generan valor, empleo e inversión ocupan el lugar que realmente les corresponde: el de protagonistas del futuro argentino.