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Foto: Archivo.-
El relato oficial nos habla de equilibrio fiscal, pero cuando mirás la economía real, el deterioro industrial dejó de ser una simple advertencia para convertirse en una crisis estructural profunda. Si cruzamos el festejo macroeconómico con el último informe de la UIA, surge una pregunta ineludible: ¿es realmente un modelo de desarrollo o estamos ante la asfixia definitiva de los que producen en el interior?.
Los datos exponen una realidad crítica: el 49,7% de las empresas declara que disminuyeron sus ventas y el 58,4% ya asegura estar económicamente peor que el año pasado. En este contexto, las medidas oficiales no están al margen de la recesión: cuanto más se abre la economía sin bajar impuestos locales, más profundo es el golpe para nuestras pymes.
El peso sobre los que producen
Si partimos de los números laborales —donde ya se perdieron más de 89.500 empleos registrados frente a agosto de 2023—, no podemos dejar de relacionarlo de manera directa con las decisiones tributarias nacionales. Cuando el Gobierno tuvo margen, decidió disminuir el impuesto a los Bienes Personales, brindando un alivio patrimonial que beneficia al 1% o 2% más rico del país. También redujeron los derechos de exportación, favoreciendo casi exclusivamente al sector agroindustrial.
Pero como contrapartida, decidieron elevar el impuesto a los combustibles, disparando los costos logísticos de todo el sector productivo. Disminuir aranceles importadores y desproteger a las fábricas locales, sin antes bajarles la presión tributaria, actúa como un ancla letal que la industria actual no logra compensar.
Las claves del diagnóstico
Sustitución y precarización: Frente a la caída de la demanda, las industrias se ven forzadas a esquivar costos reemplazando la creación de empleo registrado por la contratación flexible de monotributistas.
Expectativas rotas: El pesimismo es total. El 59,4% de las firmas advierte que el año próximo estaremos igual o peor que ahora.
Doble vara (RIGI vs. Pymes): Mientras se otorgan beneficios monumentales a los grandes capitales a través del RIGI, el entramado pyme nacional sigue reclamando un marco normativo equivalente que garantice estabilidad fiscal, amortización acelerada y desarrollo de proveedores locales.
Hacia una respuesta estructural
Frente a este escenario, el Gobierno nacional no puede desentenderse de la emergencia industrial. No te podés lavar las manos dejando a la intemperie a quienes generan el empleo genuino en nuestras provincias. La reactivación requiere un abordaje integral: necesitamos acceso urgente a la recomposición del crédito productivo con tasas razonables y esquemas tarifarios de energía que resulten predecibles.
Ante la magnitud de esta crisis, es imperativo aplicar un alivio fiscal real y defender la competencia nacional frenando el dumping y el contrabando. Tenemos que devolverle a la industria su poder transformador, porque si rompemos el tejido productivo, nos quedamos definitivamente sin futuro.
*El autor de esta columna es Legislador de Tucumán. Senador Nacional MC. Diputado Nacional MC.