
La Bombonera entregó una postal dividida. Mientras desde la popular bajaban aplausos y cánticos dedicados al clásico rival, el resto del estadio respondió con silbidos que retumbaron fuerte tras el 0-0 entre Boca Juniors y Racing Club. El equipo de Claudio Úbeda volvió a dejar una imagen deslucida, sumó apenas dos de los últimos nueve puntos y profundizó una racha que empieza a preocupar. La palabra crisis ya no suena exagerada en la Ribera.
El planteo del entrenador fue conservador desde el arranque. Con un esquema rígido y sin un futbolista capaz de ordenar y generar juego, el local abusó de los envíos largos y simplificó cada intento ofensivo. La ausencia de nombres como Leandro Paredes o Ander Herrera se sintió, pero la propuesta tampoco ofreció variantes. En ese contexto, el regreso de Edinson Cavani tras varios meses fuera del once inicial pasó casi inadvertido: el delantero no contó con situaciones claras y terminó siendo uno de los apuntados por el público cuando dejó el campo.

El desarrollo fue áspero, con pierna fuerte y más fricción que fútbol. Milton Delgado se destacó por su despliegue y fue de los pocos reconocidos por la gente, que primero valoró la entrega y luego comenzó a impacientarse ante la falta de ideas. Del otro lado, el conjunto de Gustavo Costas tampoco brilló, pero insinuó un poco más en el tramo final. Los ingresos desde el banco le dieron mayor movilidad y generaron las ocasiones más nítidas de la noche.
La más clara estuvo en los pies de Adrián “Toto” Fernández, que obligó a una gran intervención de Agustín Marchesín cuando el partido se apagaba. Antes, Santiago Solari había desperdiciado otra oportunidad inmejorable. Boca, en cambio, prácticamente no inquietó al arquero rival. El cierre encontró al equipo sin respuestas y con algunos “andate” dirigidos al entrenador. El empate dejó poco para rescatar y volvió a instalar interrogantes sobre el rumbo futbolístico de un gigante que no logra despegar.

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