Dólar Oficial
$1.560
Dólar Blue
$1.565
Dólar Tarjeta
$2.028
Euro
€1.721,06
Real
R$284,18
Azúcar Tucumán · 50kg
$36.375
Azúcar Int. · Londres N5
US$24,707
Azúcar Int. · EEUU N11
US$423,29
Bioetanol de caña ($/L)
1.083
Bioetanol de maíz ($/L)
992.806

El consumo excesivo de alimentos ultraprocesados produce inflamación y estrés oxidativo en el organismo, un proceso que también llega al cerebro y que no genera síntomas en el corto plazo. Así lo explicó la licenciada en Nutrición Dolores Moncassi en una entrevista concedida al programa La Mañana en Marcha, que se emite por LV7 Radio Tucumán con la conducción de Marcelo Caferro, Fabián Rodríguez y Peti Piñata, a partir de un estudio que asoció estos productos con un daño cerebral hasta ahora desconocido en adultos jóvenes. “No se producen en el corto plazo inmediato, pero sí van dejando un daño, y esto puede ser progresivo”, señaló.
La especialista aclaró que el riesgo está asociado al consumo excesivo y recordó que estos productos ya se vinculaban con enfermedades como la diabetes, la obesidad, las afecciones cardiovasculares y algunos tipos de cáncer. La novedad del estudio, indicó, es que suma el deterioro cognitivo y un mayor riesgo de enfermedades neurodegenerativas.
Para identificarlos, recomendó prestar atención a los sellos negros del etiquetado frontal, que advierten sobre el exceso de azúcares, grasas o sodio. Los ultraprocesados, explicó, son productos que se alejan del alimento de origen: puso como ejemplo el kétchup, en el que “no queda nada del tomate”. Sin embargo, sugirió ir más allá de los sellos y leer la lista de ingredientes, ordenada de mayor a menor cantidad. Allí puede descubrirse, por ejemplo, que un producto que se presenta como carne contiene soja o “restos de carne”, o que un alimento se denomina “derivado lácteo” en lugar de leche. También aconsejó revisar el nombre del producto en el frente del envase.
Moncassi advirtió que estos productos fueron desplazando a otros más saludables, como ocurre con las bebidas azucaradas frente a la leche o el yogur en la alimentación infantil, y que el daño comienza a acumularse desde los primeros años. Planteó que deberían consumirse de manera esporádica y no como base de la dieta.
Como alternativa, recomendó aumentar el consumo de frutas y verduras, en especial las de hojas verdes y las frutas rojas, por su aporte de antioxidantes; incorporar frutos secos, aceite de oliva y pescado; consumir carne roja no más de dos veces por semana y priorizar carnes blancas, huevos y legumbres. Sobre estas últimas, sugirió incluirlas una o dos veces por semana, ya que combinadas con cereales aportan proteínas de calidad similar a las de la carne.
La nutricionista aclaró además una confusión frecuente: cuando los profesionales recomiendan cereales se refieren al grano entero, como la cebada, la quinoa o las harinas integrales, y no a los cereales de caja para el desayuno ni a las barritas, que son ultraprocesados. Por último, propuso volver a la cocina casera, reducir los pedidos por delivery y las frituras. “No quiero dar miedo, sino incentivar a cocinar”, concluyó.