En una de las imágenes más impactantes de este Viernes Santo, el Papa León XIV encabezó el tradicional Vía Crucis en el Coliseo de Roma y cargó personalmente la cruz durante todo el recorrido, en lo que fue el primer Vía Crucis de su pontificado.
La ceremonia se desarrolló ante más de 30.000 fieles que colmaron el Anfiteatro Flavio y sus alrededores, en una celebración marcada por el recogimiento, la oración y una fuerte carga simbólica.
El Pontífice recorrió las catorce estaciones —cinco dentro del Coliseo y nueve en el exterior— acompañado por antorchas, luces y las meditaciones preparadas para la ocasión, en un clima de profunda espiritualidad.
Según se informó, el gesto de cargar la cruz buscó representar el sufrimiento del mundo actual y llevar en oración las situaciones de dolor que atraviesa la humanidad.
Durante el recorrido se proclamaron pasajes del Evangelio y se leyeron reflexiones que invitaron a vivir la fe en la vida cotidiana, en un contexto atravesado por conflictos, tensiones sociales y desafíos globales.

“El Vía Crucis no es el camino de quien vive en un mundo de devoción abstracta, sino el ejercicio del que sabe que la fe, la esperanza y la caridad deben encarnarse en la vida real”, señalaron las meditaciones difundidas durante la ceremonia.
El Papa estuvo acompañado por autoridades eclesiásticas, entre ellas el maestro de las celebraciones litúrgicas, monseñor Diego Ravelli, el cardenal vicario de Roma y obispos auxiliares de la diócesis.
El recorrido concluyó con una oración final inspirada en la tradición franciscana, en la que se pidió por la purificación interior, la fe y la esperanza, en un mensaje que atravesó toda la celebración.
El gesto del Pontífice se inscribe en una tradición que no es habitual y que busca reforzar el carácter pastoral de su mensaje, en una jornada central del calendario litúrgico que conmemora la pasión y muerte de Jesucristo.
