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La acelerada penetración de la Inteligencia Artificial en la vida cotidiana de las infancias y juventudes modificó sustancialmente los modos de acceder al saber, planteando un escenario donde los estudiantes interactúan a diario con plataformas automatizadas que resuelven tareas complejas en segundos, lo que a menudo deriva en una peligrosa delegación del pensamiento si el proceso no se encuentra mediado pedagógicamente. Frente a este fenómeno, la proliferación desregulada de herramientas generativas en las aulas exige una imperiosa intervención del Estado mediante políticas públicas que establezcan marcos de gobernanza, supervisión ética y resguardo de la privacidad, al tiempo que interpela de manera directa a las familias, cuya participación activa como copartícipes del proceso educativo resulta indispensable para fijar límites al consumo digital y acompañar el desarrollo cognitivo y socioemocional de sus hijos en alianza permanente con la escuela.
En respuesta a este desafío estructural, la provincia de Tucumán formalizó su esquema de intervención pedagógica y tecnológica a través del Ministerio de Educación, encabezado por la ministra Susana Montaldo (foto inferior), quien en el prólogo común que introduce los documentos regulatorios fijó la postura institucional del Estado provincial. Al contextualizar la iniciativa, Montaldo remarcó: "En los últimos años, la irrupción de la inteligencia artificial, comenzó a transformar profundamente los modos en que accedemos al conocimiento, nos comunicamos y aprendemos. En este escenario, los sistemas educativos de todo el mundo enfrentan el desafío de comprender, orientar y regular su incorporación de manera creativa, ética, crítica y pedagógicamente significativa. Este contexto nos convoca a repensar no solo qué y cómo enseñamos, sino también qué significa aprender en el siglo XXI, donde la inteligencia artificial no debe ser comprendida únicamente como una herramienta tecnológica, sino como un fenómeno que exige revisar los fundamentos pedagógicos, didácticos y éticos de la educación. Esto nos posiciona frente a una responsabilidad indelegable: avanzar con decisión, pero también con prudencia, evitando tanto el entusiasmo acrítico como la resistencia inmovilizadora".

En el mismo pronunciamiento, la titular de la cartera educativa enfatizó la impronta humanista que rige el plan oficial: "Partimos de la convicción de que la educación es, ante todo, una práctica social, colectiva y profundamente humana, en donde las instituciones educativas continúan siendo espacios irremplazables de encuentro, construcción de ciudadanía, socialización y desarrollo integral. En este marco, la inteligencia artificial debe entenderse como una herramienta al servicio de estos fines, capaz de enriquecer la enseñanza y favorecer la personalización de los aprendizajes, cuya implementación requiere criterios pedagógicos claros, formación profesional adecuada y marcos regulatorios que garanticen un uso ético, seguro e inclusivo, sustentado en valores democráticos, criterios de justicia educativa y el compromiso con el derecho a la educación". Asimismo, convocó a los actores escolares advirtiendo que "estamos frente a un proceso en construcción. Por ello, convocamos a docentes, equipos directivos, estudiantes y comunidades educativas a participar activamente en este camino, desde una posición reflexiva, comprometida y abierta al aprendizaje que nos permita construir una educación que se apoye en las posibilidades de la inteligencia artificial, teniendo siempre como centro a las personas, sus vínculos, sus derechos y sus futuros".
La arquitectura normativa e instrumental diseñada por nuestra provincia se plasmó en tres manuales de procedimiento. El primero de ellos, el Anexo I, titulado "Manual de Buenas Prácticas: Marco Estratégico de Gobernanza y Uso Ético de la Inteligencia Artificial en el Sistema Educativo de la Provincia de Tucumán", sienta los principios rectores bajo el amparo de la Ley Nacional de Educación 26.206, la Ley de Protección de Datos Personales 25.326, la Ley Provincial 9.890 de creación del Programa Tucumán IA y la Ley Provincial 9.954 de uso ético de la tecnología. El documento institucional destaca que "la IA no debe ser comprendida únicamente como un recurso tecnológico, sino como un fenómeno que transforma los modos de producir, acceder y validar el conocimiento", estableciendo como pilares el humanocentrismo, la centralidad pedagógica y la supervisión humana indelegable, de modo que las herramientas inteligentes funcionen como complemento y nunca como sustituto del juicio profesional docente. El texto consagra el principio de privacidad desde el diseño y advierte taxativamente que "queda estrictamente prohibida la carga de datos sensibles (nombres, DNI, datos biométricos) en plataformas de IA generativa públicas", resguardando la identidad digital de niños, niñas y adolescentes conforme al interés superior del niño establecido en la Ley 26.061.

En cuanto a los antecedentes de implementación, el Marco Estratégico da cuenta de que durante 2025 se desarrolló un itinerario formativo de 200 horas cátedra articulado entre la cartera educativa, el Instituto de Desarrollo Productivo (IDEP) y la entidad especializada Digital House, trayecto que completaron 10.800 docentes y directivos del sistema provincial, previéndose para el ciclo 2026 una nueva cohorte para alcanzar al resto de la planta docente y capacitaciones específicas para el cuerpo de supervisores.
Por su parte, el Anexo II, caratulado "Orientaciones Pedagógicas para el Uso Responsable de la Inteligencia Artificial en el Aula", desglosa las cuatro dimensiones de la alfabetización digital:
la IA como objeto de estudio
como herramienta para el aprendizaje
como asistente para la enseñanza y desde la perspectiva de la ética
la ciudadanía digital.
Este manual establece una progresión pedagógica que prohíbe el uso instrumental de pantallas en el Nivel Inicial sin estricto control docente, fomenta en el Nivel Primario el apoyo a la fluidez lectora y la resolución guiada de problemas matemáticos, promueve en el Nivel Secundario la detección de sesgos algorítmicos y el análisis crítico de la información para evitar que los jóvenes sean consumidores pasivos, y orienta el Nivel Superior hacia laboratorios de práctica profesional y producción académica rigurosa. En materia de evaluación, el protocolo advierte que "la evaluación ya no puede centrarse únicamente en la calificación o certificación de conocimientos, sino que debe garantizar aprendizajes auténticos y fomentar la autonomía intelectual", requiriendo instancias como la metacognición, el debate oral y las rúbricas de desempeño para evitar el copiado automático.

La trilogía se completa con el Anexo III, denominado "Banco Provincial de Innovación Pedagógica con Inteligencia Artificial (BIPIA) - Reglamento Operativo", un repositorio digital público administrado por la Subdirección de Formación Docente Continua e Investigación. Este instrumento tiene por finalidad registrar, evaluar y publicar proyectos institucionales, planificaciones didácticas y narrativas pedagógicas que demuestren un uso genuino de la tecnología, resguardando la autoría intelectual de los educadores y reconociendo formalmente aquellas prácticas destacadas como antecedentes de innovación ante las Juntas de
Clasificación Docente.

Este andamiaje provincial confluye con las advertencias expuestas a nivel internacional por Jaime Saavedra, director de Desarrollo Humano para América Latina del Banco Mundial y exministro de Educación del Perú (foto inferior). En una profunda reflexión sobre el deterioro de los aprendizajes registrado en las pruebas PISA, el funcionario del organismo multilateral alertó sobre las secuelas que provoca la delegación cognitiva acrítica en los estudiantes: "Hay un riesgo grande de tener estudiantes dependientes de la IA. Eso pone en riesgo su aprendizaje. El aprendizaje requiere esfuerzo; tiene que ser entretenido y estimulante, pero nunca es algo fácil. Si no hay un proceso de esfuerzo, equivocación, retroalimentación y corrección, no se aprende nada".
Para ilustrar el peligro de automatizar la tarea escolar sin mediación didáctica, Saavedra citó una contundente evidencia empírica: "Si uso ChatGPT o Claude para hacer la tarea, la hago rapidísimo. Hay un ejemplo, un estudio que se hizo en China con 26.000 chicos: las notas en las tareas aumentaron un 18% y el tiempo dedicado cayó un 30%. Pero seis meses después, se les hizo la evaluación usual y sus aprendizajes cayeron un 20%. Hicieron la tarea fácil, sin pensar, y no aprendieron". A partir de este diagnóstico, el referente del Banco Mundial remarcó que la solución reside en reconfigurar el rol docente y las modalidades de evaluación: "El truco está en el uso que hace el maestro. El buen maestro sabe que ya no puede evaluar mandando una tarea para la casa; tiene que evaluar oralmente, escribiendo en el salón o en dinámicas de equipo. Además, la IA permite la personalización. El docente puede dar ejercicios adaptados al nivel específico de cada alumno: reforzar al que está atrasado o dar desafíos al más avanzado".

Asimismo, Saavedra subrayó que el dominio tecnológico resulta inocuo si los alumnos carecen de alfabetización básica: "En todas las ocupaciones uno va a estar expuesto a la inteligencia artificial. Y para estar capacitado en IA, primero hay que tener los aprendizajes fundamentales. No puedo aprender a usar herramientas avanzadas si no sé leer bien. Lo que me preocupa mucho es la utilización desigual de esas herramientas". Finalmente, el especialista puso un fuerte énfasis en el compromiso indelegable de las familias: "Los padres tienen que ser socios del proceso educativo junto con la escuela. Deben asegurarse de que los chicos logren los aprendizajes fundamentales: que sepan leer bien, que se expresen bien y que comprendan lo que leen. Pero también los padres tienen que asegurarse de que sus hijos estén enganchados con todo el proceso educativo. Eso es lo que vemos en las sociedades exitosas: familias que efectivamente se sienten partícipes, copartícipes junto con la escuela, del proceso educativo de sus hijos".
Al contrastar los protocolos de actuación aprobados en Tucumán con las recomendaciones formuladas por el representante del Banco Mundial, se observa una notable y sustantiva alineación teórica y procedimental. Los manuales tucumanos recogen de manera explícita la advertencia de evitar que los sistemas inteligentes anulen el esfuerzo cognitivo, postulando que la IA debe integrarse como un andamiaje para la comprensión profunda y no como un atajo que suprima el análisis reflexivo. La directriz del Anexo II de abandonar la evaluación memorística tradicional y la entrega de trabajos domiciliarios estandarizados coincide con la prescripción de Saavedra de priorizar la evaluación formativa dentro del aula, la defensa oral y la producción colectiva en tiempo real.
Del mismo modo, la decisión provincial de fijar la centralidad pedagógica y capacitar a más de 10.000 educadores responde a la premisa del Banco Mundial de que el impacto positivo de la tecnología depende exclusivamente de la formación y el criterio del maestro para guiar el proceso y detectar cuándo un estudiante utiliza la herramienta para evadir el pensamiento. No obstante, el principal reto radica en trasladar esta sólida convergencia regulatoria a la práctica cotidiana de las escuelas, garantizando que el acompañamiento a las familias y el fortalecimiento de las habilidades de lectoescritura básica se consoliden en el territorio para que la modernización tecnológica no profundice las brechas educativas preexistentes.