
La propuesta del ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, de derogar la Ley 25.542 de Defensa de la Actividad Librera encendió las alarmas en el circuito cultural y comercial de Tucumán. La norma, que rige el mercado nacional, establece que un libro debe venderse al mismo precio en cualquier punto del país, fijado directamente por su editorial.
El oficialismo, que prepara un borrador que todavía debe ser enviado y tratado en el Congreso de la Nación, argumenta que la ley actual "prohíbe ofrecer descuentos y vender libros baratos". Sin embargo, editores y libreros tucumanos salieron al cruce de este principio en diálogo con Tendencia de Noticias. La medida no bajará los precios, sino que destruirá el ecosistema editorial y literario, advierten.
El mito del "precio bajo" y el riesgo de concentración
Desde el sector rechazan la premisa de que la desregulación beneficiará al bolsillo del lector. Nacho Jurao, director de Editorial Invikta, explicó que una derogación sería un “golpe terrible” y que únicamente generaría una rebaja artificial a corto plazo. “Los supermercados y las grandes cadenas de librerías tienen el músculo financiero necesario para ir a pérdida durante algunos años, esa sangría está justificada para estas empresas porque el costo que pagan para asfixiar a las librerías independientes hasta verlas clausurar una por una. Y en el momento en que sólo quede tierra arrasada los precios volverán a subir y serán incluso más altos que al comienzo”, advirtió.

En la misma línea se expresó Natalia Viola, fundadora de la librería Libro de Oro. “La baja del precio es un invento. Imaginate, si pasado un tiempo el precio solo es regulado por uno o dos jugadores... ¿vos creés que van a bajarlo? El interés no es el acceso a los libros para todos. No les importa que la gente lea”, criticó.
Además, Natalia precisó que la ley actual no es costosa: “No le sale ni un peso al Estado. Establece que debe haber un único precio por cada libro, que lo ponen las editoriales. Vos tenés que conseguir el mismo libro al mismo valor en cualquier librería del país. Esto genera que la competencia se dé en otro nivel, no el del precio, sino en la calidad de la atención y las propuestas culturales que te ofrezca la librería”
Por su parte, Diego Puig, de Gerania Editora, enfatizó que el trasfondo supera lo meramente económico. “El peor efecto tiene que ver con una concepción de país. Necesitamos diversidad, más librerías independientes y precios justos. No todo pasa por el precio”, señaló.
El peligro sobre la literatura tucumana y las voces emergentes
Más allá de lo comercial, la mayor inquietud radica en el impacto sobre la producción cultural de la provincia. Jurao destacó que Tucumán se consolidó en la última década como una de las “capitales literarias del país” gracias a la sinergia entre autores locales y editoriales independientes. “En este suelo coinciden escritores con obras de tremendo calibre y hay una pequeña constelación de editoriales que se nutre de esas obras”, contó con orgullo.
Una sinergia que, más allá de la pasión literaria, también se fundamenta en la necesidad. Así lo ilustró Puig, quien señaló que las grandes librerías son de difícil acceso “por temas burocráticos” y “políticas de comercialización”. Las editoriales independientes son vistas como la solución: “El aporte de las editoriales independientes es enorme porque difunden la literatura tucumana”.
Un análisis que es compartido por otros actores del sector, como Facundo Iñiguez. En una entrevista con Meta Crisis, el autor tucumano y director de La Papa Editorial fue incluso más tajante: “Se terminará erradicando la difusión independiente. A la larga no habrá producción de literatura independiente, habrá una producción única de grandes cadenas”.
Los verdaderos desafíos del sector
Las librerías y las editoriales independientes coinciden: la derogación de la Ley del Libro no es una buena noticia. Aun así, los protagonistas del rubro reconocen que el ecosistema enfrenta desafíos pendientes que requieren políticas públicas efectivas.
Entre las principales preocupaciones del sector se encuentran la amenaza del “mercado negro”, del “libro trucho” y de los “descuentos encubiertos disfrazados de envíos gratis”. También se menciona la necesidad de generar una articulación local que permita construir consensos y políticas conjuntas. En un paso más allá, Diego Puig sentenció: “La legislación actual funciona bastante bien; en términos de políticas públicas, el verdadero problema a resolver es la formación de lectores”.
Aun así, frente a un proyecto de desregulación que concibe al libro como una mercancía, la respuesta no solo es racional, sino también emocional. Nacho define estos espacios como los “motores” que “mantienen viva la literatura”. Diego, como los lugares que “traccionan” la literatura independiente tucumana. Para Natalia, directamente son “espacios vitales” que tienen “algo mágico”. “En muchos casos, el encuentro y la lectura te salvan del tedio, de la tristeza, de la soledad”, es la frase con la que resume el valor de las editoriales y librerías tucumanas.
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