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Banda del Río Salí será este sábado escenario de una jornada de homenaje a los trabajadores, las familias y las comunidades vinculadas con los ingenios azucareros que cerraron sus puertas hace seis décadas.
La actividad se realizará en el predio del ex Ingenio Lastenia, a 60 años del inicio del proceso de cierre dispuesto durante la dictadura de Juan Carlos Onganía. La convocatoria incluye una Marcha de las Antorchas, un acto conmemorativo, el descubrimiento de una placa y un festival folclórico.
La jornada comenzará con la concentración en la intersección de avenida Eva Perón y avenida América. La Marcha de las Antorchas está prevista para las 19.30, mientras que a las 20 comenzarán las actividades en el predio del ex Ingenio Lastenia.
El acto tendrá como eje la memoria de quienes trabajaron en los ingenios y de las familias que formaron parte de las comunidades azucareras. También se descubrirá una placa conmemorativa en recuerdo del cierre de las fábricas y de las
consecuencias que aquel proceso tuvo para Tucumán.

El homenaje finalizará con un festival folclórico. Está prevista la participación de Néstor Garnica, Coqui Sosa, Rubén Núñez, Belén Herrera y Adriana Tula, además del Ballet Yanasa, el Coro de Jóvenes de la UNT, La Bancada, Grupo de Danza y Ambulantes.
La actividad es organizada por la Municipalidad de Banda del Río Salí junto al Gobierno de Tucumán y el Ministerio del Interior, en el marco del 60° aniversario del cierre de los ingenios.
Una fecha que quedó marcada en Tucumán
El motivo del homenaje se remonta al 22 de agosto de 1966, cuando el gobierno de facto de Juan Carlos Onganía puso en marcha, mediante el Decreto-Ley 16.926, un proceso de intervención y cierre de ingenios azucareros.
La medida alcanzó finalmente a 11 de las 27 fábricas que funcionaban en Tucumán. Entre los ingenios que dejaron de funcionar estuvieron Lastenia, Nueva Baviera, Amalia, Santa Lucía, Mercedes, San Ramón, Santa Ana, La Esperanza, San José, Los Ralos y San Antonio.
El cierre de las fábricas tuvo consecuencias que fueron mucho más allá de la actividad industrial. Los ingenios concentraban fuentes de trabajo, viviendas, comercios y servicios, y funcionaban como uno de los principales centros de la vida social de numerosas localidades tucumanas.
Según investigaciones del CONICET, durante los años posteriores al cierre unos 50.000 trabajadores quedaron sin empleo, mientras que la desocupación provincial llegó a alrededor del 15%.
El proceso también provocó una fuerte migración. Miles de familias dejaron sus pueblos en busca de trabajo y se trasladaron principalmente hacia Buenos Aires. Las estimaciones sobre la cantidad de tucumanos que emigraron durante aquellos años varían según el período considerado, pero las investigaciones históricas coinciden en señalar el fuerte impacto demográfico que tuvo el cierre de los ingenios.
Esa migración modificó también el mapa social de la provincia. Muchas familias vinculadas durante generaciones con la actividad azucarera terminaron instalándose en el conurbano bonaerense, una de las razones por las que la comunidad tucumana tiene una presencia histórica importante en Buenos Aires.
La resistencia de los trabajadores también forma parte de esa memoria. La Federación Obrera Tucumana de la Industria Azucarera (FOTIA) encabezó protestas, paros y movilizaciones contra el cierre de las fábricas. En ese contexto ocurrió uno de los episodios más recordados de aquellos años: en enero de 1967, durante una protesta en Bella Vista, fue asesinada Hilda Guerrero de Molina, trabajadora y referente de la resistencia azucarera.
Seis décadas después
El 22 de agosto quedó incorporado al calendario nacional como el Día Nacional de Desagravio al Pueblo Tucumano por el cierre masivo de ingenios azucareros, establecido por la Ley 27.620.
Este sábado, la conmemoración tendrá como escenario uno de los lugares directamente atravesados por aquella decisión. El ex Ingenio Lastenia será el punto de encuentro para una jornada que combinará homenaje, memoria y cultura.
La Marcha de las Antorchas abrirá la actividad. Luego llegará el acto protocolar y el descubrimiento de la placa, antes del festival folclórico.
A 60 años del cierre, los nombres de aquellos ingenios siguen formando parte de la historia de Tucumán. Y también de la memoria de los pueblos que se construyeron alrededor de sus chimeneas, de los trabajadores que encontraron allí su sustento y de las familias que, después de su desaparición, debieron comenzar una nueva vida lejos de la provincia.