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Nació un término nuevo en el fútbol argentino y no es motivo de orgullo: el “celuVAR”. Ocurrió en Floresta, en el cierre de la fecha 33 de la Primera Nacional. Con el 0-0 casi sellado entre All Boys y Godoy Cruz, Nicolás Lamolina sancionó un penal para el Tomba por una infracción cometida fuera del área y expulsó con roja directa a Iván Zafarana. Lo que siguió fue un cuarto de hora largo de caos, protestas y un celular que pasó de mano en mano frente al árbitro. Al final, Lamolina dio marcha atrás y concedió un tiro libre para el local.
Godoy Cruz buscaba un triunfo para seguir prendido arriba en su zona, y All Boys necesitaba puntos para alejarse de la complicación. En ese contexto, Lamolina ya había marcado un primer penal a los 75 minutos por una supuesta mano a un defensor local, aunque la pelota había pegado en la cabeza de Purita. Martín Pino lo malogró al estrellar el remate contra la madera.
El segundo episodio fue el que incendió todo. A pocos minutos del cierre, Zafarana cometió una falta sobre Axel Rodríguez en la puerta del área, pero Lamolina cobró penal. Esto provocó el reclamo furioso de los futbolistas de All Boys, que rodearon al juez. Zafarana volvió al campo con un celular y le exhibió la repetición para demostrar que la falta había sido afuera. Lamolina primero sostuvo su decisión, pero terminó revirtiéndola. Como la categoría no cuenta con VAR, esa consulta quedó completamente al margen de cualquier protocolo.

Ya en La Noche de TyC Sports, el árbitro intentó acomodar su relato. Contó que su asistente, Agustín Méndez, le advirtió que la falta existía pero fuera del área, y que su único propósito era hablar con él. Según su versión, al acercarse todo se desmadró porque personas del club local, sin autorización, invadieron el sector del banco de suplentes. Aseguró además que jamás miró el celular, que se esforzó por desviar la vista hacia cualquier lado porque sabía que la situación era delicada y debía resolverse incluso con la fuerza policial, y que nunca imaginó que alguien pudiera entrar con un teléfono a persuadirlo. También deja flotando una duda: por qué un error corregible con una simple charla con su colega derivó en una veintena de minutos de tumulto.
El martes, la Dirección Nacional de Arbitraje, que conduce Federico Beligoy, difundió un comunicado que admite lo evidente: en el minuto 87, el juez se equivocó al sancionar el penal. A la vez, respaldó el desenlace. Sostuvo que el asistente, desde una posición inmejorable, le informó que la infracción estaba fuera del área y que, bajo la lógica del trabajo en equipo, Lamolina resolvió de manera correcta. El respaldo no apaga la polémica, que reabre el debate sobre la preparación, los criterios y los controles del arbitraje argentino. Mientras tanto, el 0-0 que dejó disconformes a ambos equipos quedó sepultado bajo un episodio difícil de olvidar.

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