
La noche en el Metropolitano tuvo un protagonista indiscutido: Julián Álvarez. El delantero argentino volvió a encontrarse con la red después de más de dos meses sin festejos y lo hizo en un escenario de máxima exigencia. Su conquista decoró el contundente 4-0 de Atlético de Madrid frente a FC Barcelona, en la ida de las semifinales de la Copa del Rey, y dejó la serie muy inclinada antes de la revancha en el Camp Nou.
El cordobés fue pieza central en una primera mitad arrolladora del equipo de Diego Simeone. Tras una secuencia colectiva que nació desde el fondo y desnudó las fragilidades defensivas del conjunto catalán, la pelota le quedó en la puerta del área y sacó un derechazo demoledor que no le dio opciones a Joan García. Antes, ya había participado en las acciones que derivaron en los tantos de Antoine Griezmann y Ademola Lookman, mostrando que, aun sin convertir, su influencia en el juego seguía intacta.

El grito tuvo desahogo. Sus compañeros lo rodearon de inmediato, conscientes del peso que arrastraba la sequía. No marcaba desde el 9 de diciembre de 2025, cuando había convertido ante el PSV Eindhoven por la UEFA Champions League, y acumulaba más de una decena de presentaciones sin festejos. La racha más extensa desde su llegada a Europa quedó atrás en una cita grande, justo cuando el equipo más lo necesitaba.
Tras el partido, el ex River habló de perseverancia y confianza. Reconoció que atravesaba un tramo adverso, aunque remarcó que el trabajo silencioso fue clave para sostenerse. Además, valoró la amplitud del resultado, pero evitó dar la eliminatoria por cerrada: en marzo tocará defender la ventaja en territorio blaugrana. Con la pólvora nuevamente encendida, Álvarez eligió el mejor momento del calendario para reencontrarse con su versión más determinante.

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