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MUNDIAL 2026

Agustina Salazar, la chef tucumana que "devora" a los rivales de Argentina en cada partido

Tiene una cábala bien particular: en la previa de todo cruce mundialista, cocina el plato típico del próximo oponente y lo comparte con amigos y familia. A horas del choque con Inglaterra, cuenta cómo nació esta costumbre y qué preparó para el desafío que se viene.

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Nicolás MartínTendencia de noticias
14 jul, 2026 09:15 p. m. Actualizado: 14 jul, 2026 11:02 p. m. AR
Agustina Salazar, la chef tucumana que "devora" a los rivales de Argentina en cada partido

Cada Mundial tiene sus propias supersticiones: la camiseta que no se lava, el asiento de siempre, la remera de la suerte. En Tucumán, sin embargo, hay una cábala que no tiene nada que ver con la ropa: tiene aroma a cocina.


Agustina Salazar es chef y, desde que arrancó el Mundial, transformó su casa en el escenario de un ritual único: antes de cada partido de Argentina, investiga, cocina y comparte con amigos y familia un plato típico del país rival. Una forma de "comerse" al oponente -literalmente- antes de que ruede la pelota.


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El amor de Agustina por la cocina nació en su casa. "Mi papá fue un gran cocinero autodidacta de toda la vida. Me enseñó que cocinar es el mayor acto de amor: puede levantar cualquier situación difícil y activa los sentidos para hacerte sentir bien antes, durante y después", cuenta.


De ese cariño familiar nació, con el tiempo, esta cábala futbolera. "La idea fue, a través de mi profesión, poder compartir con mi familia y amigos la experiencia de comernos al rival juntos: contar la historia de cada lugar y transformar el partido en una experiencia completa", explica sobre el origen de la costumbre.


No recuerda con exactitud cuál fue el primer plato que hizo bajo esta tradición, pero sí tiene bien claro cuál fue el más difícil: el de Jordania. "Conseguir el cordero con tiempo suficiente para macerar y darle su punto de sazón no fue fácil", recuerda sobre la preparación del mansaf, el plato tradicional jordano hecho con cordero cocinado en una salsa de yogur seco fermentado llamado jameed y servido con arroz o bulgur. El desafío no fue solo culinario: en sus juntadas conviven invitados de edades muy distintas, y lograr que a todos les guste "es una adrenalina espectacular", asegura.


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¿Cabulera o apasionada? Para ella no hay grieta: "Siento que soy muy pasional, y poder combinarlas me encantó: toda la experiencia que logro crear vale la pena". Eso sí, reconoce el condimento supersticioso de la movida: "Siempre tenemos un invitado nuevo en la mesa... y los sahumerios de mano en mano son infaltables".


Con rivales africanos, asiáticos y europeos de por medio, este Mundial la obligó a pasearse por casi todas las carnes y pescados, a investigar especias con lupa y a manejar los tiempos de descanso propios de las comidas asiáticas y los macerados. Un ritual fijo antes de cada partido: compartir el menú con sus amigos en el grupo de WhatsApp que armaron para la ocasión, bautizado "Comernos al rival". De todos los rivales, el que más la sedujo fue Egipto: "Fue el mejor y más diverso. Fui por las comidas callejeras, porque me imaginaba el uso de sus especias, las combinaciones y el buen trato que le dan a los vegetales".


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El próximo desafío, contra Inglaterra, le exige correr los horarios habituales. "Con Inglaterra el horario es especial: ellos tienen su famoso afternoon tea time, de scones, sándwiches y petit fours", explica. Por eso decidió armar un almuerzo tardío, a las 14, con un menú bien británico: fish and chips, sándwich de pepino y el infaltable Yorkshire pudding, esa masa horneada de huevo, harina y leche que se infla y acompaña a la carne asada.


La pregunta obligada era qué pasaría si Tucumán jugara un Mundial. Agustina no lo duda: armaría un banquete con todo lo que nos identifica, en porciones chicas para que entre la mayor variedad posible: empanadas cortadas a cuchillo, sándwich de milanesa, cazuela de locro, humita con quesillo, fritillo y mini tamales. Para el postre, elegiría algo bien regional: "el cayote entero, quemado después de un asado, para después desmecharlo y armar ese dulce en hilos perfectos que siempre está en un frasco en la puerta de la heladera de casa".


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Si pudiera elegir a un jugador de la Selección para sentarlo a su mesa, no tiene dudas: "Por mi fanatismo personal e indiscutible de años, desde su paso por Barcelona, invitaría a Lionel Messi". Y ya tiene el plato pensado: "Tengo fe en que las milanesas le recordarían a su plato preferido, el que siempre le pide a su mamá: milanesas con papas".


Lejos de las cámaras y de los partidos, Agustina también tiene sus propios rituales a la hora de cenar. "Cuando no estoy de servicio, algo fundamental es tener los sentidos alineados: buen aroma, luz cálida, música de fondo, en lo posible que suene Sabina", cuenta.


Al principio, la iniciativa generaba dudas en su entorno. "No entendían nada, les daba un poco de miedo no conocer la cultura de cada lugar", reconoce. Pero el entusiasmo fue creciendo partido a partido, al punto de sumar vajilla del país rival junto a Luciana, la amiga que oficia de anfitriona en cada juntada. El fenómeno también se trasladó a las redes: "ahora hasta me escriben para preguntarme cuál es el próximo menú, y algunos me consultaron si hago delivery".


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Para cerrar, no esquiva el pronóstico del partido de mañana: "Ganamos. Sufriendo, pero ganando, con el sacrificio que nos caracteriza". Y ya adelantó la consigna del banquete con el que piensa comerse a Inglaterra: dress code de sombrero.

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