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HERENCIA BIOLÓGICA

Un estudio científico reveló que la predisposición de las personas a tener un perro está determinada por la genética

Una investigación internacional basada en el análisis de miles de perfiles biológicos determinó que la atracción hacia estos animales de compañía posee un fuerte componente hereditario que interactúa en partes iguales con las experiencias de vida y el entorno de crianza

PorTendencia de noticias
22 may, 2026 09:03 a. m. Actualizado: 22 may, 2026 09:03 a. m. AR
Un estudio científico reveló que la predisposición de las personas a tener un perro está determinada por la genética

La decisión de incorporar un canino al núcleo familiar e iniciar una convivencia duradera podría encontrar su explicación en factores que exceden las preferencias meramente casuales o las costumbres culturales. Una serie de investigaciones médicas previas ya habían constatado que poseer estas mascotas proporciona beneficios significativos para la salud humana, tales como el aumento de la esperanza de vida, la estimulación de la actividad física diaria y mejoras notables en el autoestima y en la calidad del descanso nocturno.



Sin embargo, un estudio pormenorizado desarrollado por científicos de la Universidad de Uppsala, ubicada en Suecia, modificó los paradigmas conocidos en la materia al concluir que la mitad de la inclinación a compartir la rutina con estos animales se encuentra supeditada al mapa genético individual. Tras efectuar un exhaustivo cruce de datos epidemiológicos que abarcó a más de treinta y cinco mil parejas de gemelos, el equipo de expertos comprobó que la base hereditaria influye en un 57 por ciento en las mujeres y en un 51 por ciento en el caso de los hombres.



Los autores del reporte detallaron que esta afinidad de carácter biológico pudo haber resultado clave durante las fases antiguas del desarrollo humano para facilitar los procesos de domesticación, una interacción que se consolidó hace por lo menos catorce mil años. Complementariamente, una investigación de la Universidad Estatal de Washington postuló que este vínculo constituye un ejemplo paradigmático de coevolución, donde ambas especies fueron adaptando sus comportamientos mutuos y moldeando de forma recíproca sus preferencias sociales y estructuras biológicas a lo largo de los siglos.



Frente a los hallazgos conseguidos, la doctora Carri Westgarth, coautora de las evaluaciones técnicas, aclaró de manera prudente que los resultados no implican que el deseo esté inscripto de forma rígida en el ADN, sino que expone por primera vez que la naturaleza biológica y el contexto social juegan roles de idéntica relevancia. El descubrimiento quiebra la antigua teoría científica que le adjudicaba toda la responsabilidad al entorno de la infancia, abriendo el camino para entender los misterios de la relación más longeva entre humanos y animales.




Fuente: Noticias Argentinas (NA)

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