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Contrareloj trabajan especialistas y obreros. Foto: TDN
Los andamios todavía van y vienen. Hay polvo sobre algunos sectores, trabajadores con brochas y rodillos, escobas que recorren pisos que permanecieron durante años sin recibir multitudes y personas que se mueven casi sin hablar. Cada una parece conocer de memoria lo que falta hacer. El tiempo ahora se mide de otra manera: quedan apenas días para el 4 de octubre.
Después de ocho años, la iglesia San Francisco se prepara para volver a recibir a los tucumanos.
Tendencia de Noticias ingresó al templo durante los últimos trabajos antes de la reapertura. Adentro todavía conviven dos imágenes: la de una obra que no terminó y la de una iglesia que lentamente comienza a recuperar su vida. Se ajusta la iluminación, se limpian los retablos, se acomodan los bancos y, de tanto en tanto, vuelve a escucharse el órgano.
“Estamos ya con tareas finales, acomodando el tema de la iluminación para que se vea todo el templo, que hace rato está cerrado. Había que reponer algunas luminarias y lámparas”, explicó Martina Paz, arquitecta y responsable de obra de Línea Construcciones.
La limpieza también demandó buena parte de las últimas semanas. El sábado, estudiantes de Museología y Arquitectura se sumaron voluntariamente para trabajar sobre los retablos. También se avanzó sobre pisos, bancos y distintos elementos que permanecieron sin uso durante el cierre.
La primera sorpresa fue favorable. “Nos dijeron que los retablos están en mejores condiciones de lo que nos imaginábamos”, contó Paz. Ese diagnóstico permitiría que una futura etapa específica de restauración resulte menos compleja de lo previsto inicialmente.
Pero llegar hasta este momento estuvo lejos de ser sencillo.

Una grieta por la que podía verse de un lado al otro
La parte decisiva de los trabajos estuvo concentrada en la estructura. Línea Construcciones tuvo a su cargo la reparación de grietas y fisuras que condicionaban la posibilidad de volver a utilizar el edificio.
El resultado permitirá que desde la reapertura los visitantes puedan ingresar con seguridad a la nave central, una de las naves laterales habilitadas y el presbiterio, donde se encuentra el altar. Todavía quedarán sectores restringidos, entre ellos el crucero y la nave lateral norte, que deberán ser estudiados e intervenidos en una próxima etapa.
Fue al montar los andamios y acercarse a las fisuras cuando los especialistas descubrieron que algunos problemas eran mayores de lo que indicaban los primeros estudios. “Cuando armamos los andamios, nos aproximamos a todas las grietas, las abrimos y las relevamos, nos dimos con que toda la situación era más crítica de lo que nos imaginábamos”, recordó Paz. La aparición de esas dificultades obligó a modificar métodos de intervención y extendió los plazos previstos.
El punto más delicado apareció en el presbiterio. Allí encontraron una abertura de dimensiones inesperadas. “La grieta era tan grande que vos podías ver hacia arriba y, cuando nos parábamos arriba, veías a la persona parada abajo”, relató la arquitecta.
Fue necesario montar una plataforma sobre todo el sector para estudiar el problema antes de intervenirlo. La estructura permaneció instalada durante un período prolongado mientras ingenieros y arquitectos analizaban cómo proceder.
Debajo del templo también existe una historia de intervenciones. Paz recordó que en 2010 se realizaron trabajos sobre las cimentaciones mediante inyecciones y tareas de recalce. El comportamiento de esas obras deberá continuar siendo estudiado para conocer el estado actual de las fundaciones.

La reapertura, por eso, no significará el final de la restauración. “Es importante que la gente entienda que este edificio probablemente nunca se termine de restaurar. Pero eso no es algo que esté mal; al contrario, está bien, porque hay gente que se está haciendo cargo”, explicó Paz. Cada etapa, señaló, requiere además pautas posteriores de mantenimiento y conservación.
La arquitecta conoce también el trabajo desde una dimensión que excede los planos y las estructuras. Se recibió en 2023 y admite que nunca imaginó que tan temprano en su carrera profesional estaría involucrada en una obra de estas características.
Al comienzo, contó, su atención estaba concentrada exclusivamente en resolver los problemas técnicos. Con el paso de los meses empezó a descubrir lo que ocurría del otro lado de las puertas cerradas.
Personas que se acercaban para entregar una estampita. Otras que dejaban una flor para alguna imagen. Fieles que llegaban todas las mañanas, casi a la misma hora, y rezaban frente a la puerta de una iglesia a la que todavía no podían entrar. “Eso le da otro valor más humano, no solamente simbólico”, reconoció. “Estoy siendo partícipe de un proyecto que después se va a abrir y que es de la gente y para la gente”.
En los últimos días apareció otra señal de que el largo cierre se acerca a su final. El órgano volvió a sonar. Los especialistas ingresan periódicamente para afinarlo y sus notas comenzaron a mezclarse con los ruidos de la obra. Para Paz, escuchar nuevamente el instrumento y observar cada vez más personas dentro del templo cambió la atmósfera del lugar. “Eso sí te genera esa sensación de: bueno, estamos más cerca”, dijo.
El 4 de octubre terminará una parte del recorrido, no todo. Quedarán trabajos estructurales para habilitar la totalidad de la iglesia y otras intervenciones vinculadas con pinturas y retablos, que requerirán la participación de restauradores especializados.
Mientras tanto, adentro de San Francisco todavía hay andamios, polvo, escobas y manos trabajando. Afuera, algunos fieles siguen deteniéndose frente a sus puertas.
Después de ocho años, esa frontera volverá a abrirse. Y el sonido que durante tanto tiempo llegó desde adentro (martillos, herramientas y trabajos de restauración), empezará a mezclarse otra vez con otro mucho más familiar para el templo: el de la gente entrando.

Una recuperación para devolverle vida al templo
El proceso de recuperación fue impulsado por la Municipalidad de San Miguel de Tucumán, junto con el Gobierno provincial, el aporte de privados como la Cía. Azucarera Los Balcanes y la Comisión de Puesta en Valor del Conjunto Franciscano. Los trabajos apuntaron a avanzar en la recuperación integral del edificio y preservar su valor histórico y cultural.