
Franco Alderete, conocido como Franco Lebron
De las mieles de la atracción a la amargura de la indiferencia, la llamada causa Lebron acumula detalles que parecen salidos de una novela, pero no de amor, sino de ambición y dinero. Las historias que cuentan los denunciantes siguen el mismo patrón de comportamiento: un empresario socialmente reconocido y ostentoso que, generosamente, ofrece ganancias celestiales e inversores que, a la hora de cobrar lo prometido, son ignorados con la misma pasión con la que fueron seducidos.
Franco David Alderete, conocido como Franco Lebron, acumula ya denuncias de 15 personas que aseguran haberle confiado cifras millonarias a cambio de fabulosos intereses que, aseguran, nunca se concretaron.
Una de ellas, a la que accedió Tendencia de Noticias, refleja un presunto mecanismo mediante el cual el reconocido empresario encandilaba a inversores y conseguía que le entreguen altas sumas de dinero. Sin embargo, siempre de acuerdo a la imputación, en lugar de pagar, Alderete desaparecía o, directamente, amenazaba.
El denunciante asegura que lo conoció por redes sociales. Alderete tenía una cuenta de Instagram -actualmente cerrada- en la que lo podía ver joven, exitoso y opulento. Fotos en el exterior y en eventos sociales daban la imagen de un empresario sólido, titular de su propia empresa: Lebron Suplementos Deportivos, con intensa actividad publicitaria. Desde esa posición, Alderete anunció su apertura a recibir inversiones, prometiendo a cambio ganancias insólitamente altas.

El denunciante se comunicó para averiguar los detalles y, así, conoció al mismísimo Alderete. Acordaron en encontrarse en uno de los locales de la empresa, en avenida Mitre al 500, donde el acusado le planteó un panorama mucho más atractivo aún: dijo ser dueño de cinco locales de suplementos deportivos, dos jardines de infantes, un local de venta de accesorios tecnológicos, un bar denominado “Danu” y una financiera. Mayor solvencia, más diversidad y garantías por escrito de pago, Alderete le ofreció invertir dinero a cambio de una rentabilidad alta, por encima de las del mercado financiero. Concretamente, intereses del 7,5% mensual. Y, para su seguridad, Alderete le ofreció la firma de un contrato y un pagaré.
Así, el denunciante le entregó $7,3 millones (en tres transferencias y un pago en efectivo en dólares) y recibió, no sin alguna demora, los papeles correspondientes. El acuerdo era cobrar el interés mensual durante 12 meses y luego recibir de vuelta el capital. Pasó el primer mes y, efectivamente, el denunciante recibió la primera transferencia por el monto pactado. Esa maniobra, asegura el denunciante, “consolidó mi confianza y reforzó mi convencimiento de que se trataba de una inversión segura”.
Entonces recordó que Alderete le había dicho que, si la inversión era más grande, la rentabilidad también. Concretamente, si superaba los $20 millones, la tasa subía al 8,5% mensual. “Me comuniqué nuevamente con Alderete, y en dichas conversaciones, me manifestó que estaban próximos a importar un contenedor desde China con accesorios tecnológicos y que, además, se encontraban desarrollando un proyecto de apertura de un gimnasio, lo cual requería nuevos inversores”, explicó. Así, el denunciante le entregó $24,3 millones más en julio del año pasado. Fue entonces cuando sonó la primera señal de alerta.
Alderete le pidió que el ingreso de esta nueva cifra no se hiciera mediante transferencia, asegura el denunciante, sino en efectivo o mediante criptomonedas. La mayoría del dinero se entregó de esta manera. Pero esta vez, la documentación no apareció de inmediato: el demandante tuvo que insistir reiteradamente para conseguirla.
Así, llegó la fecha de la segunda cuota de pago y el dinero no llegó. Ante la insistencia del inversor, finalmente se concretó días más tarde. “Ese fue el último pago que recibí”, asegura.
Sin embargo, Alderete no desapareció. Continuó respondiendo a sus mensajes, siempre con promesas de futuros pagos, alegando problemas financieros pasajeros. Hasta que Alderete, un día, lo llamó desde un número de teléfono desconocido y lo citó en otra de sus sucursales, en Buenos Aires 42. ciudad. “Allí, me ofreció distintas alternativas de pago, tales como cheques, terrenos, máquinas de gimnasio y electrodomésticos”, asegura, aunque indica que nunca le mostró ninguna documentación de que esos bienes existieran.
La última vez que se vieron, la situación cambió. El 7 de marzo de este año, en el bar Benito Santos, de Barrio Norte, las palabras que al principio eran de promesas y optimismo cambiaron a amenazas concretas, asegura el inversor. “En esa reunión, Alderete mantuvo una actitud intimidante. En un momento expresó textualmente: ‘Yo no voy a caer preso porque tengo dos peces gordos por encima mío que me protegen’. También dijo: ‘No quiero que lo tomes como una amenaza, pero es lo que es’. Finalmente me manifestó que no iba a solucionar nada por vía judicial y que, si tenía que ‘poner gente’ para protegerse, lo iba a hacer, agregando además que él andaba ‘calzado’”, reza la denuncia. Nunca más volvió a tener contacto con él.
La identidad de la persona que relató estos hechos se mantiene en reserva por pedido expreso del protagonista, aunque, con nombre y apellido, formuló la denuncia en sede penal y solicitó el rol de querellante, patrocinado por el abogado Juan Pablo Bello. Ese escrito se suma a otros presentados, hasta ahora, por una quincena de personas (una de ellas es la propia tía del imputado), que demandan pérdidas de $69, $12, $35, $11 y $26 millones, además de más de U$D 85.000.
Alderete, sin embargo, niega haber estructurado una estafa piramidal. Declaró como imputado en la causa y dijo que los incumplimientos obedecen a una “cesación de pagos por problemas financieros” y que los altos intereses que esperaban los inversores se convirtieron en inviables porque los costos de mantenimiento de sus empresas eran altos. Sin embargo, en la Unidad Fiscal de Usurpaciones, Estafas y Cibercriminalidad II, creen que, ante la difusión de la causa, podrían presentarse aún más denunciantes.