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Foto: Archivo.-
El papa León XIV reclamó la construcción de un nuevo orden alimentario mundial que garantice el acceso a los alimentos, proteja los recursos naturales y coloque la dignidad humana por encima de los intereses económicos. Lo hizo a través de un mensaje dirigido al director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Qu Dongyu, con motivo del Día Mundial de la Alimentación, que se celebra cada 16 de octubre.
En el documento, fechado el 12 de octubre en el Vaticano, el Pontífice reflexionó sobre el lema elegido para este año, “Innovar hoy para alimentar mañana”, y planteó la contradicción entre los avances tecnológicos aplicados a la producción agrícola y la persistencia del hambre y la pobreza en distintas regiones del mundo. “Nos encontramos actualmente en una situación paradójica, en la que el progreso mundial avanza a un ritmo cada vez más acelerado, mientras el hambre y la pobreza siguen persistiendo”, señaló.
León XIV sostuvo que esta situación no responde únicamente a dificultades técnicas o financieras, sino que constituye una profunda crisis antropológica y ética que exige revisar las prioridades de los Estados y de la comunidad internacional.
En ese sentido, cuestionó que el concepto de innovación se utilice principalmente para describir el desarrollo de dispositivos, algoritmos y sistemas destinados a mejorar la productividad y obtener mayores beneficios económicos.
El Papa aclaró que no se opone a la incorporación de nuevas tecnologías en la agricultura, pero advirtió sobre las consecuencias de utilizarlas sin considerar sus efectos sobre el ambiente y las comunidades rurales. “Cuando la tecnología moderna se emplea en la agricultura de maneras que privan al suelo de su fertilidad natural o alejan a los agricultores de sus tierras, impulsadas únicamente por motivos económicos, esto no puede considerarse un progreso, sino una forma sofisticada de destrucción”, expresó.
El Pontífice consideró que el desarrollo agrícola debe contemplar tanto la capacidad de producir alimentos como la preservación de los ecosistemas y las condiciones de vida de quienes trabajan la tierra.
También hizo referencia a la situación de los pequeños productores y cuestionó la concentración económica en los mercados vinculados con la producción de alimentos. “Los mercados de cereales se capitalizan en las bolsas de valores, mientras que las semillas que germinan en la tierra terminan en manos de monopolios que asfixian a la agricultura de pequeña escala”, advirtió.
En otro tramo del mensaje, León XIV afirmó que el hambre no puede ser considerada una consecuencia inevitable de las condiciones geográficas ni una simple estadística.
“El hambre no puede considerarse una anomalía estadística, puesto que es causada principalmente por la falta de voluntad política y de solidaridad colectiva”, sostuvo.
Asimismo, señaló que resulta inadmisible que, en un contexto de avances tecnológicos sin precedentes, millones de personas continúen enfrentando dificultades para acceder a los recursos básicos. “Resulta intolerable que el pan sea considerado un privilegio y el agua una mercancía en disputa”, manifestó.
El Papa recordó que el acceso regular a una alimentación segura, adecuada y suficiente constituye un derecho humano fundamental y que garantizarlo representa una obligación de justicia para los gobiernos y los organismos internacionales.
En ese marco, pidió revisar el funcionamiento de los sistemas de producción y distribución de alimentos, al considerar que los avances destinados a incrementar los rendimientos no siempre se traducen en mejoras en el acceso de la población a los productos básicos.
León XIV también cuestionó la utilización de los alimentos como instrumentos de presión económica, política o militar. “El pan no debería ser ni un instrumento de presión geopolítica ni un activo financiero volátil. Tampoco debe utilizarse jamás como arma de guerra”, expresó.
El Pontífice advirtió que impedir el acceso a los alimentos o destruir los medios necesarios para producirlos constituye una ofensa a la dignidad humana.
Además, planteó la necesidad de abandonar una visión económica basada exclusivamente en resultados de corto plazo y avanzar hacia modelos productivos que contemplen la responsabilidad con las próximas generaciones. “El mito de que el crecimiento puede ser infinito a pesar de contar con recursos limitados ha llegado a su punto de ruptura”, afirmó.
En esa línea, sostuvo que la innovación debe combinar los avances tecnológicos con los conocimientos tradicionales de los agricultores, adquiridos a lo largo de generaciones mediante la observación de la tierra y del clima.
También reclamó proteger el agua como un bien común y preservar la fertilidad de los suelos para garantizar la producción futura.
Hacia el final de su mensaje, León XIV dirigió un pedido concreto a la FAO y a sus Estados miembros para que impulsen medidas que superen las declaraciones y los compromisos sin resultados. “Ha llegado el momento de demostrar valentía moral. Es esencial establecer un nuevo orden alimentario mundial, en el que la innovación tecnológica esté incondicionalmente subordinada al respeto de la dignidad humana otorgada por Dios y al bien común universal”, expresó.
El Pontífice también propuso modificar las prioridades de inversión a escala internacional y destinar mayores recursos a la investigación agrícola sostenible.
“Existe un imperativo ético urgente de redirigir los recursos invertidos en la industria armamentística hacia la investigación agrícola sostenible y la regeneración de las tierras degradadas”, sostuvo.
Finalmente, León XIV afirmó que las decisiones que se adopten en el presente determinarán las condiciones alimentarias de las próximas generaciones.
“El mañana no es un período abstracto que nos espera pasivamente; es, más bien, la cosecha de lo que sembramos hoy mediante nuestras decisiones”, señaló.
El mensaje concluyó con una invocación a quienes trabajan en el cultivo de la tierra y la protección de los recursos naturales, junto con el compromiso de mantener el acompañamiento de la Santa Sede a las iniciativas impulsadas por la FAO para combatir el hambre y promover una producción alimentaria sostenible.