
El clima puede cambiar de un momento a otro. Las circunstancias políticas, también. Osvaldo Jaldo lo sabe. En 2024 eligió sorprender con la promesa de reformar el sistema electoral y revisar los acoples. En 2025, en tanto, cerró su discurso con una advertencia seca: “Las instituciones de la provincia no se tocan”. Este domingo 1 de marzo de 2026, el gobernador volverá al recinto para inaugurar su tercer período ordinario, pero el contexto ya no es el mismo. La economía nacional cruje, la recaudación cae y, por primera vez desde que asumió, un gremio docente lo desafió en la antesala del inicio de clases.
De la reforma estructural al pragmatismo defensivo
En su primer discurso, Jaldo eligió hablar de reglas de juego. Anunció una comisión interpoderes para modificar el régimen electoral y admitió que el sistema de acoples debía revisarse para que la voluntad popular se reflejara “fielmente”. Aquella definición apuntaba a una reforma de largo aliento, inesperada para los propios referentes del oficialismo y de la oposición. Sin embargo, a fines del año pasado se encargó de enterrar cualquier posibilidad de cambio en las reglas de votación.
También prometió austeridad, destacó el ajuste presupuestario y anticipó el ciclo de retiros voluntarios en el Estado. Aquella vez habló de “no gastar más de lo que ingresa”, del expediente digital e incluso del acceso a la información pública. Con eas propuestas modernas y una tajante disciplina fiscal, el mandatario buscó marcar diferencias con la gestión anterior, en la que fue vicegobernador del ahora senador Juan Manzur. Esas premisas económicas marcaron el pulso de su administración en los primeros dos años de mandato.
En 2025, el eje del discurso oficial mutó. Ya no fue el diseño institucional sino la consolidación del rumbo. Habló de equilibrio fiscal, de superávit, de seis recomposiciones salariales y de la menor tasa de homicidios en una década. Y, sobre todo, defendió su estrategia dialoguista con la Casa Rosada, aun en medio de tensiones entre gobernadores y el presidente Javier Milei.
Jaldo planteó entonces que Tucumán no podía darse el lujo de pelear tres años y ocho meses con la Nación. Claro, esa posición tuvo un paréntesis muy marcado en el segundo semestre de 2025, cuando se calzó el buzo de candidato a diputado nacional para encolumnar al peronismo tucumano y blindar la provincia de las incursiones libertarias.
Las urnas le dieron la razón, y en octubre el oficialismo recogió más de 530.000 votos con él a la cabeza. Sin embargo, el reparto de bancas permitió a La Libertad Avanza sonreir: fue un empate en dos y la conclusión de que, ante la marea violeta, no era conveniente tocar los acoples para evitar sorpresas en 2027.
El tercer año: menos margen y más tensión
Este domingo, el escenario es más áspero. La caída de la recaudación -producto de la retracción económica y del recorte de transferencias nacionales- le impone al Gobierno provincial un margen de maniobra cada vez más estrecho. Es decir, gastar menos ya no es una consigna política como cuando asumió, sino una necesidad que le indican las circunstancias.
El discurso, según anticipan en Casa de Gobierno, girará en torno a esa crisis de consumo y a la necesidad de sostener la administración provincial en ese contexto. En esa línea, Jaldo será coherente con lo que viene sosteniendo: es necesario acompañar a la Nación cuando sea necesario, reclamar cuando corresponda, pero evitar la confrontación estéril y duradera.
El éxito legislativo de Milei en este verano se explica en buena medida por el apoyo del tucumano, que con sus diputados y senadores avaló las iniciativas enviadas por la Nación. La reforma laboral, la baja en la eda de imputabilidad y la ley de glaciares exhibieron ese nivel de acuerdos. Ahora, en 25 de Mayo y San Martín esperan desde la Casa Rosada haya reciprocidad.
No obstante, en esta edición el discurso puede presentar algunas particularidades. Por primera vez desde que asumió, Jaldo llega a la apertura de sesiones con un paro docente convocado por ATEP y con una conciliación obligatoria dictada para garantizar el inicio de clases este martes 3. Es un dato que no pasa inadvertido. Hasta ahora, el gobernador había logrado administrar los conflictos salariales con recomposiciones periódicas y una negociación personal permanente. Los docentes de ATEP, que en los años anteriores acompañaron con silencio o acuerdos rápidos, parecen haberle perdido el miedo al rigor oficial.
Que el gremio haya tensado la cuerda en este momento es una señal política. Es, si se quiere, la primera prueba de resistencia interna en un contexto de fragilidad económica. Claro, la decisión debe ser matizada por el año electoral que atravesarán varios sindicatos, entre ellos ATEP, tal como se dijo ya en esta columna.
Un discurso para redefinir expectativas
El tercer mensaje ante la Legislatura no tendrá el impacto sorpresivo del anuncio de la reforma electoral ni el tono policíaco de la advertencia institucional. Será, probablemente, más crudo y hasta defensivo.
Jaldo buscará instalar la idea de que la Provincia ha hecho los deberes y que ahora enfrenta un contexto nacional adverso que exige responsabilidad colectiva, para lo cual intentará reforzar su perfil dialoguista con Milei, sosteniendo que la cooperación es el único camino viable para una provincia dependiente de recursos federales.
El gobernador comienza la segunda mitad de su mandato con el horizonte electoral y la posibilidad de ir por la reelección en 2027 en la mira. Mantiene el control político del territorio, aunque el margen económico para sostenerlo es menor. Así, si el discurso de 2024 fue el del "Jaldo reformista" y el de 2025 el del "El Comisario", el de este domingo será, por fuerza mayor, el del "Jaldo equilibrista".