
La Conferencia Episcopal Argentina (CEA) difundió un duro mensaje a días de cumplirse el 50° aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, en el que llamó a decir “nunca más” a la violencia de la dictadura y a construir “siempre más” una democracia justa, con especial énfasis en la memoria, el diálogo y el rechazo a los discursos de odio.
El documento, firmado por la Comisión Permanente del Episcopado y titulado “Nunca más a la violencia de la dictadura y siempre más a una democracia justa”, propone una reflexión sobre el pasado reciente, pero también introduce advertencias sobre el presente político y social del país.
En ese marco, los obispos remarcaron la necesidad de sostener una “memoria íntegra y luminosa” sobre los años del terrorismo de Estado y advirtieron que “mutilar la historia abre la puerta a repetir los mismos errores”. Al mismo tiempo, plantearon que la democracia debe asentarse en el respeto irrestricto a los derechos humanos y en la inclusión social.
Sin embargo, más allá de la evocación histórica, el texto incorpora definiciones que dialogan con la coyuntura actual. En particular, los pasajes referidos al clima de confrontación política, el lenguaje agresivo y la proliferación de mensajes violentos fueron leídos como una alusión indirecta al estilo discursivo del gobierno nacional.

El Arzobispo Marcelo Colombo, Presidente del CEA
En uno de los tramos más enfáticos, la CEA, que preside el arzobispo Marcelo Colombo, advierte que “debemos renunciar a todo tipo de violencia, sabiendo que su espiral comienza con el discurso y escala hacia la acción”, y alerta sobre la naturalización de la agresión “en las redes sociales, en nuestros barrios y en el Congreso de la Nación”.
También hace un llamado explícito a “desarmar el lenguaje”, evitando “palabras hirientes, el juicio inmediato y las calumnias”, en línea con enseñanzas recientes del Papa. Este señalamiento, aunque sin menciones directas, se inscribe en un contexto de creciente tensión política y uso de expresiones confrontativas desde distintos sectores, incluido el oficialismo que encabeza el presidente Javier Milei.
En otro tramo, el documento advierte sobre “una tendencia creciente al autoritarismo” y cuestiona las lógicas que promueven “la supervivencia del más fuerte sobre el más débil”, en detrimento de los sectores más vulnerables, lo que también fue interpretado como una crítica implícita a ciertas orientaciones del actual modelo económico y político.
A la par, los obispos insistieron en la necesidad de fortalecer el rol del Estado para garantizar la dignidad de las personas, promover el trabajo y asegurar condiciones de vida básicas, al tiempo que subrayaron que la democracia “se envilece cuando deja a alguien afuera”.
El mensaje concluye con una reafirmación del sistema democrático como único camino posible, al señalar que este “prohíbe la eliminación del adversario” y reemplaza la violencia por el debate cívico.
Con motivo del nuevo aniversario del golpe, la Iglesia argentina volvió así a posicionarse con un mensaje que combina memoria histórica y advertencias sobre el presente, en un tono que, sin menciones explícitas, deja entrever preocupaciones sobre el clima político actual.