
Florián Monzón fue el primero en romper el cero en Mendoza y lo hizo con una definición que no dejó dudas. A los tres minutos del partido, Elías Gómez habilitó al delantero tucumano por el sector izquierdo y él no necesitó más que un toque para elevarla al ángulo con la zurda. Un gol de centroatacante puro para un buen presente del tucumano.
No fue casualidad: esta conquista representó su tercera anotación en el Apertura, y todas ellas fueron jugando de visitante, confirmando que lejos del José Amalfitani encuentra su mejor versión. El tanto además tuvo el sello del juego colectivo que propone Guillermo Barros Schelotto: presión alta, recuperación rápida y transición veloz al ataque.

Con ese 1-0 tempranero, el Fortín tomó las riendas del encuentro y minutos más tarde ampliaría la ventaja a través de Manuel Lanzini para ponerse 2-0 arriba con apenas once minutos disputados. El gol del tucumano había sido la chispa que encendió lo que parecía un partido destinado a una victoria cómoda para el líder de la Zona A.
Sin embargo, el fútbol argentino tiene memoria corta y castiga caro las oportunidades desaprovechadas. Lo que comenzó como una tarde soñada para Vélez terminó en pesadilla: Gimnasia de Mendoza remontó el resultado y se quedó con los tres puntos con un 3-2 en tiempo adicionado, dejando al equipo de Barros Schelotto —quien además vio la tarjeta roja— con un sabor amargo difícil de digerir.
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