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Atlético Tucumán y la urgencia de reconstruirse: la pelea por el descenso le respira en la nuca

OPINIÓN - El cierre del Apertura encuentra al equipo atrapado en una racha adversa que lo hunde en la tabla anual y lo obliga a reaccionar de inmediato. Sin respuestas claras en cancha ni señales contundentes desde afuera, el margen se achica y el peligro ya no es una amenaza lejana, sino una presencia constante.

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Nicolás MartínTendencia de noticias
23 abr, 2026 01:57 a. m. Actualizado: 23 abr, 2026 01:57 a. m. AR
Atlético Tucumán y la urgencia de reconstruirse: la pelea por el descenso le respira en la nuca

Atlético Tucumán atraviesa días sensibles. El torneo Apertura se apaga y el equipo apenas logró dos victorias, como si cada triunfo fuera una chispa aislada en medio de una noche que se estira más de la cuenta. No es solo una cuestión de resultados: es una sensación que se instala, que pesa, que se respira en cada análisis.


Sumado a la racha de 453 días sin ganar de visitante y 13 duelos directamente siendo derrota fuera de casa, la situación se agrava viendo que en la tabla anual se encuentra 27 de 30 equipos y que, teniendo en cuenta la situación de Estudiantes de Río Cuarto, que está último también en la tabla de promedios, el que descenderá de la tabla anual será el 29. Todo encaja en un rompecabezas incómodo, donde cada pieza confirma lo que nadie quiere terminar de decir en voz alta.


La crisis se profundiza porque Atlético Tucumán no suma de visitante y le cuesta ganar en casa, incluso ante equipos muy flojos como Aldosivi o Central Córdoba, sumado a que son rivales directos. Y ahí es donde el margen desaparece: cuando los partidos “ganables” dejan de serlo, cuando lo accesible se vuelve una cuesta empinada.


Y parece no haber solución inmediata. No hay jugador que tenga un nivel que haga esperanzar a propios y extraños de un presente del que se pueda salir con facilidad. Un esquema mezquino, totalmente opuesto a lo que se había propuesto al principio, termina siendo el reflejo de un equipo que juega con miedo a equivocarse más que con hambre de imponerse. Pero claramente no tiene que ver solamente con el DT: es momento de que los jugadores se hagan cargo. Que alguien dé un paso adelante. Alguien que, por ahora, sigue entre las sombras.


Quizás lo de Falcioni de amortiguar la repisa y los dos micros no sea suficiente para un grupo de jugadores que son limitados. Y no hay que tener tapujos en decirlo. Lo demuestran los números y lo demuestra la tabla. Las estadísticas son frías, pero también reflejan realidades calientes que nadie quiere asumir.


¿La solución sería sacar a Falcioni? Difícilmente. No remedia nada. Más que buscar un entrenador, sería salir a buscar un Mesías, y hoy ese perfil no existe en el fútbol argentino. ¿La solución sería sacar la cúpula dirigencial? Tampoco parece el camino. Lo que menos necesita un club en crisSe habló de su continuidad, es cierto, pero esas versiones fueron desmentidas de manera tajante. El problema, entonces, no parece resolverse con un simple cambio de nombre en el banco.is es pegarse un tiro en el pie y caer en un pozo depresivo sin salida. Eso sí: los referentes deben hacerse cargo. Porque el mal armado que desemboca en este presente también tiene su raíz en decisiones dirigenciales. La tabla que condena a los jugadores también señala, en silencio, a quienes la construyeron.


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Igualmente, esto fue desmentido a "Tendencia de Noticias": no habrá grandes cambios durante el receso del Mundial. Serán tres meses sin competencia para Atlético Tucumán, tres meses donde algunos descansarán, pero donde todos deberán estar atentos al mercado de pases. No como una solución mágica, sino como una oportunidad de corregir.


Porque hay que ser claros: la jerarquía de un refuerzo no garantiza contagio. No alcanza con nombres. Se necesita mucho más para revertir este presente. Y una de esas cosas —quizás la más importante— es la mentalidad.


Se viene el invierno para Atlético Tucumán. Y si quiere volver a ver el sol a fin de año, deberá hacer un mea culpa profundo. Cada una de las patas de la mesa tendrá que asumir su parte para que la estantería se estabilice. Porque el prestigio no se pierde de un día para otro: se desgasta, se ensucia, se deja caer. Y sobre todo, se desmorona cuando nadie quiere hacerse cargo.

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