
Ángel Di María volvió a dejar su sello en el clásico rosarino y fue decisivo en el triunfo de Rosario Central por 2-0 frente a Newell’s Old Boys, aun jugando con evidentes molestias físicas. El campeón del mundo apareció en el momento justo y, con una volea precisa en el inicio del segundo tiempo, abrió el camino de la victoria en el Coloso Marcelo Bielsa. Más tarde, Enzo Copetti selló el resultado que fortalece al equipo en la lucha por los puestos de clasificación.
Desde el arranque, la condición física de Ángel Di María fue tema de atención. Una dolencia en el aductor izquierdo lo obligó a dosificar esfuerzos y a ceder las ejecuciones de pelota detenida, una tarea que habitualmente lidera y que esta vez quedó en manos de Vicente Pizarro. Esa modificación táctica expuso que el rosarino no estaba en plenitud, mientras en varios pasajes del primer tiempo se lo observó elongando y regulando sus movimientos.

A pesar de esas limitaciones, el extremo manejó con inteligencia sus intervenciones. Con menor participación en el circuito de juego, aguardó su oportunidad sin perder claridad en las decisiones. Esa paciencia encontró premio cuando capturó un balón dentro del área y resolvió con jerarquía para romper el cero, repitiendo su costumbre de aparecer en encuentros de alto voltaje.
El tanto no solo marcó el desarrollo del partido, sino que volvió a posicionar a Di María como protagonista en este tipo de duelos. Su influencia, incluso sin estar al cien por ciento, resultó determinante para sostener la supremacía reciente de Central en el clásico. Una vez más, el campeón del mundo hizo la diferencia con su capacidad para definir en el instante indicado y guiar a su equipo hacia un nuevo festejo.

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